La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

viernes, 31 de diciembre de 2010

Confesión en sepia III

¡Nada puede ser dañado! ¡Noche y día están comenzando
de nuevo!
Así que aparta el libro,
las flores que guardabas para dar a alguien:
sólo la espuma blanca y colosal de la calle tiene alguna
importancia,
las nuevas flores blancas que comienzan a brotar ahora.

-John Ashberry-





Acabó diciembre mal, fin de un año impar ambivalente y raro, con demasiadas emociones en las que cupieron el amor, la enfermedad y el dolor. Acabó diciembre en portazo, sin respuestas y con una mala borrachera de rabia y lágrimas por una fiesta que se celebraba en otro sitio.

Acabó diciembre con Madrid nevado de postal navideña. En enero siguió nevando y siguió la vida, y yo dejándome arrastrar por ella para no sucumbir otra vez al desamor. A mediados de enero otro vuelco anhelado y temido. Nunca se sabe si las cosas llegan en el mejor o en el peor momento. Llegan cuando llegan y ya está. Llegó la convocatoria de la oposición y cuatro meses de estudio e incertidumbre por delante. Me olvidé de mis heridas y me concentré en lo que tenía que hacer. La búsqueda de información, la desesperación ante los temas en blanco, las horas entre apuntes, los días iguales.

Pero entremedias hubo tiempo para aperitivos de domingo alargados hasta la hora de la cena, para una fiesta de cumpleaños por todo lo alto, para noches de vodka y sprite del “Perdición” al “Lujuria”, para los juegos del Facebook, para algunos relatos y unas cuantas fotos. Siguieron las consultas médicas, las sesiones del Bremen, las presentaciones de libros, las exposiciones, las tertulias de los jueves, el Ladrón de Tinta, Casa Federica, la Blanca Paloma. Las lentejas, las paellas, los quesos y la empanada, la lasaña, los risottos. Los amigos. Las emociones. La mente sólo en el futuro.

Y llegó mayo, y pasó el examen. Siguió la vida y se hizo el verano. Vino el mundial y los planes. Fuera los miedos y las nostalgias en un concierto que fue un exorcismo de risas y baile, una victoria elegante y para siempre ante la certeza absoluta de que la derrota fue ganancia. Y un viaje inesperado a Praga, paréntesis mágico y feliz. Después el que ya es el mar de mis veranos y un fin de semana de spa manchego agostando agosto. Más exámenes y un fin de verano de fiesta y peña. Con las tormentas llegó el otoño. Con el frío, la vida en orden. El pasado atrás, el presente en calma, el futuro sorpresa.

Estas navidades he vuelto a las tradiciones: el belén y el fin de año junto al mar, con la familia elegida de los amigos. No me tocó la lotería del bombo pero sí la de una plaza fija en un trabajo que me gusta. 2010 termina con un concierto – este de verdad - apoteosis de música, baile, alegría y besos, con esa euforia contagiosa que se da sólo en raras ocasiones.

Al 2011 le pido salud, ánimo e inspiración y seguir rodeada de tan buena gente capaz de dibujar sonrisas en mis labios y en mi alma. Doce meses por delante en los que ahora, en este momento, cualquier cosa es posible.

FELIZ AÑO a tod@s desde esta tierra de nadie porque es vuestra, desde este área de descanso donde os espero en 2011.




jueves, 23 de diciembre de 2010

DONDE SIEMPRE ES DICIEMBRE (Cuento de Navidad)


¡FELICES FIESTAS!

Mi regalo navideño, en forma de relato
.



DONDE SIEMPRE ES DICIEMBRE



Esta vida me hastía. La rutina se me hace insoportable. Siempre lo mismo, año tras año. Cuando llegué, este mundo me fascinó. Todo me resultaba nuevo, distinto a lo que había conocido hasta entonces. La casa que me tocó en suerte era una de las mejor situadas, junto al río. El paisaje, con las montañas al fondo, nevadas en cualquier época del año, me pareció idílico. Me encantaba abrir la ventana por la mañana y sentir el olor a leña quemándose en las chimeneas, el aroma de la carne asándose, el frío en la cara y en las manos. Los vecinos del pueblo siempre fueron amables, me acogieron con gusto y muy pronto me convertí en uno más, adaptándome perfectamente a esta vida tranquila. Cada uno trajo algo suyo, para que fuera tirando. Unas ovejas, unas gallinas. Y pronto también tuve un pozo a mi disposición. Fue una sorpresa lo del pozo. Una mañana me desperté y allí estaba, en mitad del pequeño jardín que rodea mi humilde granja. Sí, con los años esto se ha convertido en una granja, con sus cerdos y todo. Por aquí todos me llaman el granjero.

Al principio, como digo, todo me parecía bien. Incluso llegué a enamorarme de la molinera. Una muchacha rolliza y complaciente, que me desveló sus secretos en el pajar que su familia construyó detrás del viejo molino. Ay, la molinera. Se casó el año pasado con el panadero del pueblo. Cosas de negocios, me repite. Dice que me echa de menos y de vez en cuando recordamos los viejos tiempos entre las gavillas de heno, aunque queden ya pocos secretos que descubrir entre nosotros. Pero no es como antes.

Ya nada es como antes. Los críos, que antaño rondaban mi granja correteando y gritando alegremente, ahora se divierten de otra manera. Hacen pintadas en las fachadas de las casas, apedrean las luces que adornan las ventanas, rompen el hielo que cubre el río y les da por cagarse en los sitios más insospechados. Se bajan los pantalones y hala, a ciscarse. Todo empezó cuando vino aquel muchacho, procedente de una región al noreste de un país lejano de cuyo nombre no me acuerdo, e impuso la moda, al parecer algo tradicional en su tierra.

Ni los soldados, que antes solían bajar y pasear por el pueblo, se molestan ya en rondar por aquí. No salen del castillo. Siempre me fascinó el castillo que, imponente, preside la colina a la entrada del pueblo. Con sus torres redondas, sus almenas perfectas, sus juegos de luces y de aguas. Dicen que el rey, que tiene mucho poder, odia a los niños. Se rumorea que tiene tantos enemigos que no sale de su fortaleza por miedo a encontrarse con alguno de ellos. No sé si será cierto, pero los padres usan su nombre para atemorizar a sus hijos cuando se portan mal.

El río este año viene turbio. Antes era famoso, el río de plata lo llamaban. El hielo helado formaba una capa argentada, brillante y hermosa como las noches de luna llena. Las láminas congeladas, tan finas, parecían de papel; tan frágiles que amenazaban con quebrarse o arrugarse al menor movimiento. Yo solía pasarme las horas en el puente, contemplando la superficie fría y reluciente del río, observando los patos que no se atrevían a cruzar a la otra orilla, mirando a las lavanderas paseándose ribera arriba ribera abajo, con sus delantales impolutos y los cestos de ropa en las caderas. Ahora las aguas bajan sucias. Se hace imposible lavar la ropa, se quejan las mujeres, y ya ni los peces quieren beber. Había una canción muy famosa que hablaba de eso, “pero mira cómo beben los peces en el río”, y ya no me acuerdo de cómo seguía.

Todo se pudre y las modas cambian. Desde hace unos años a todos les ha dado por subir al monte y llevarse los abetos. Los meten en sus casas y los adornan con cintas y bolas de colores. Algunos les ponen luces. Por los niños, dicen. Yo, la verdad, no le veo la gracia. Otra vez les dio por plantar palmeras en medio del camino. Al año siguiente ya no estaban.

Desde hace unos días ocurren cosas muy extrañas en el pueblo. Varios pastores han desaparecido sin dejar rastro. Sin motivo aparente, sin ninguna razón que lo explique. Sus ovejas han huido al bosque y por las noches balan sin consuelo, silenciando el aullido de los lobos. Todos tienen miedo. Últimamente las estrellas brillan de un modo especial y dicen que se avecina la llegada de un cometa. Cada día, a las doce, desde hace una semana, las campanas de las casas suenan sin que nadie las toque. Los niños salen a la puerta y cantan al compás una canción sencilla y pegadiza, que nadie sabe de dónde han sacado: “Campana sobre campana y sobre campana una...”

El inocente Bautista dice que se perdió en el monte y que se le apareció un ángel que le anunció acontecimientos maravillosos. Desde ese día recorre las calles montado en una oveja, blandiendo en la mano una vara de olivo que ondea como si fuera una bandera. “Soy un profeta, me lo dijo Gabi el ángel”, proclama, y repite algo acerca de la llegada de un salvador que redimirá al mundo. Pobrecillo, ha perdido el juicio por completo.

Estos extraños fenómenos coincidieron con la aparición de los forasteros. Una parejita muy mona, ella embarazada, a punto de dar a luz. Parecen de fiar. Él es un poco extraño, tiene aversión a las palomas; se vuelve loco cuando ve alguna. Eso dicen, yo no lo sé. A mí me parece un buen hombre. Ella tiene algo especial. Un aura virginal combinada con una fortaleza de espíritu fuera de lo común. Como si estuviera tocada por los dioses. Su llegada ha despertado cierto revuelo. Los pastores han bajado para verlos, los vecinos les llevan obsequios, incluso los soldados estuvieron husmeando, haciendo preguntas. Él es carpintero, según me han contado. Se presentaron sin más, montados en un burro, sin apenas equipaje. Se han instalado en el viejo granero abandonado de las afueras, donde conviven con los bueyes y las mulas. Todos esperan con impaciencia el nacimiento. Dicen las mujeres que va a ser niño, ellas entienden de estas cosas.

En el castillo hay un revuelo inusual. Tres sabios de Oriente han elegido nuestro pueblo para hacer una visita. El rumor se ha extendido en las últimas horas. Dicen que les guía una estrella. Yo no creo en esas habladurías, pero quién sabe. Dicen también que uno de ellos tiene la piel de azabache, negra como el carbón. Según otras informaciones, son reyes y tienen poderes mágicos. Al parecer viajan en camello y han atravesado mares y desiertos para poder llegar aquí. Les acompaña un séquito de pajes con cofres llenos de regalos: oro, incienso, mirra... La gente es muy imaginativa, creen en cualquier cosa que les dicen.

Estoy harto. Todos los años lo mismo. Cada diciembre las mismas leyendas, los mismos rumores. Y, al final, nunca pasa nada. Esta aldea nunca será famosa. Este Belén en el que se desarrolla nuestra existencia seguirá igual, por los siglos de los siglos. A veces me da la impresión de que esto ya lo he vivido. De que estoy condenado a repetir siempre lo mismo cada año, por estas fechas. Me pregunto por qué aquí nunca es verano, por qué los niños nunca crecen, por qué el tiempo parece detenido. Me gustaría salir de aquí, conocer otros mundos. Pero me siento atrapado, como si estuviera castigado a vivir en una caja de zapatos y a salir sólo a mediados de diciembre. Cuando comento estas sensaciones con mis vecinos, se limitan a encogerse de hombros y a mirarme con condescendencia, como si estuviera loco.

A lo mejor este año es distinto. A lo mejor nace un niño y nos visitan unos reyes magos. Dicen que la muchacha sale de cuentas la noche del 24 de diciembre.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Nueva librería y nueva web cultural sobre Madrid

Dicen que las crisis potencian la creatividad. No sé si es la crisis o simplemente gente con ganas de hacer cosas. Que no se conforman con lo que hay. Con lo que ven. Con lo que leen. Con lo que otros les ofrecen. Y deciden hacerlas ellos mismos.

Esta semana asistimos al sueño cumplido de un amigo. Y es algo bello y emocionante, un motivo de alegría en estos tiempos de agonía, pesimismo y malestar. Unos cuantos hemos asistido a la gestación de ese proyecto. Tras unos meses de nervios, incertidumbres, papeleos, aprendizaje, quebraderos de cabeza y ser hombre para todo, por fin LA INDEPENDIENTE está aquí. Visitadla, hablad con Javier y, sobre todo, comprad libros.

Ah, está en la calle Espíritu Santo, 27. Y este es su horario:

Lun - Vie:
17:00 - 21:00
Sáb - Dom:
11:30 - 21:00


Y a los que viváis en Madrid, a los que penséis venir o a los que améis esta ciudad, pasaos por MADRID ENTRE LÍNEAS Una web cultural de la mano cálida de Aroa y David.

Ojalá que entre todos veamos crecer a estas dos criaturas en 2011.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Confesión en sepia II

El tiempo viene a darme la razón,estoy ganando altura cada vez que sale el sol
y el mundo por montera me lo voy poniendo,va cambiando el viento, sopla a mi favor.
Será que tengo la manía de
sobrevivir a todo lo que me podría vencer
Y abuso de mis leyes ahora que piso tierra firme y sé dónde tengo los pies.

-Kico Gómez. "Impar"-



Con un año de retraso...


Después de cuatro días oscuros vino el frío. Se instaló diciembre con toda la tristeza posible y el futuro anhelado se congeló sin previo aviso. La sorpresa dolió por la inoportunidad de la fecha elegida y las circunstancias complicaron aún más las cosas. Estuve donde debía, por más que fuera un lugar inapropiado e inhóspito. Fue una noche en vela y el falso calor de los cuerpos pegados, el aliento y las lágrimas insuflaban un poco de vida a todo lo que moría en esas horas. En otro lugar se celebraba una fiesta y el nosotros que ya no éramos por más que yo me empeñara en que sí fuimos los ausentes aunque nadie nos echara de menos. Por la mañana lluvia y viento, el dolor, la vergüenza y la duda bajo paraguas que no amortiguaban el llanto ni el golpe. A mediodía salió el sol. En otro lugar se celebraba una comida a la que me hubiese gustado asistir. Hubo alcohol y un partido de fútbol. Todos se divirtieron y se emborracharon. Yo regresé a mi casa sola, comí sopa caliente aunque no cabía nada en mi estómago atragantado y lloré al ver sobre la mesa el regalo preparado para la fiesta a la que no fui. Tomé pastillas para dormir y no soñar, aferrada a la esperanza de que pudiera haber vuelta atrás. Pero aquel último lunes de noviembre sólo hubo gritos y llanto al teléfono. El insulto del que no tiene argumentos y la desesperación del desahuciado cuando la decisión unilateral está tomada y no hay razones que la expliquen. Todo el amor de golpe arrebatado sin opción a reclamación alguna. Y un sermón sobre la importancia de mantener la compostura, de no perder las formas.

Se instaló diciembre con el frío, la nieve y la tristeza. Me decían que estaba más guapa que nunca y probablemente fuera verdad, aunque yo no me lo creyera. Agradecí la amistad mostrando alegría. Acudí a comidas que acabaron en besos en la boca y bailes sucios. Vencer los miedos fue acierto y descubrimiento. Una cena improvisada de puente me desveló la personalidad oculta del que hasta entonces era casi un desconocido y me dio motivos para no estar triste. Lo que al principio viví como una pérdida al final fue ganancia de muy buenos amigos que trajeron felicidad a mi vida.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cadena de azar

Leo un número atrasado de El Cultural
y algo se remueve
destellos que se encadenan
azarosamente.
Frases que vienen a mí
significando
más allá de las palabras
conceptos que sólo yo entiendo
hablan
de lo que fue
de lo que está siendo
de lo que habrá de ser.





La pasión por Renoir,
un poema de John Ashberry
aún no publicado
después de aquel doble sueño de primavera
que resultó ser sólo mío
y no sobrevivió al otoño.










Purgatorio

La tierra de los sueños
El frío
no por este orden
o quizá sí.

“Es la poesía, estúpida”
sólo letras.

Memorias y desahogos
sigo
y veo a María
guapa y joven
premiada preciosa
oscura y bella



En cada hombre vive una bestia y una víctima potencial y a veces es necesario ser una de las dos cosas

leo en el faldón publicitario
y pienso en ella
tan dulce
esconde un tigre
una bestia literaria
una buena persona.
Es humana
y me es suficiente
para querer quererla.

Parra, Nicanor
de mi crítico de cabecera
(con permiso del lector malherido).


A continuación
me asalta
un jardín
impresionista
impresionante
estallan los colores
en mis ojos
cita aún sin fecha.

Paso página y leo:
Acopio de ausencias
paso rápido
por si acaso.






Adriá Julià me gusta
es artista y guapo
no lo conocía
nació en el 74
sonrío y me gusta aún más
leo:
“Trabajo con la memoria y las historias como herramientas que transforman la experiencia de un lugar”
y me enamoro un poco.

Continúo:
Jugando con Georges Perec
y vuelvo a pararme
en las proteínas invisibles
“Proteínas Intrínsecamente Desordenadas”
como ciertas ideas en mentes volátiles.

Acabo con una entrevista
a Marcos Ordóñez:
“Al pasado sólo se puede volver como extranjero”.

Se cierra el círculo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Confesión en sepia

Uno es de donde estudia el bachillerato (Max Aub)


Juego a la nostalgia desde la impostura literaria. Contar lo que se recuerda nunca falla: las palabras fluyen solas, los hechos se adornan desde el presente. Cualquier relato del pasado es sólo una versión de la realidad. La que elaboramos con los datos que procesamos a nuestra conveniencia, de las múltiples posibilidades existentes. Otros podrán corroborarla, pero siempre habrá un matiz que marque la diferencia. Contar una historia implica inventarla, crearla mientras se narra. Nadie cuenta lo mismo de la misma manera.


Juego a la nostalgia pero es sólo eso: un juego. Pasé más de una década enganchada a un pasado que sólo yo parecía haber vivido. Náufraga más que superviviente, abandonada a recuerdos que todos parecían empeñados en olvidar. Me costó crecer y lo hice a golpe de desengaños y pérdidas, de huidas ajenas que todavía hoy no comprendo.

Libre de toda carga, respiro tranquila, orgullosa de haberme hecho mayor. De que las canciones ya no duelan. De no querer volver. Ya no.



martes, 23 de noviembre de 2010

Con una nevera nueva las cosas sólo pueden mejorar


Por muy mal que vayan las cosas, siempre irán mejor con una nevera nueva que sin nevera. Puedo decir en voz bien alta, sintiéndome orgulloso, que soy un hombre afortunado por tener una mujer y una súper nevera. No sé qué pensará ella, creo que se siente más feliz de tener una nevera nueva en su cocina que a un hombre viejo a su lado. Llega un momento en que todo hombre se siente acabado y viejo y no hay mujer ni nevera que pueda resolver tan peliagudo asunto. No es cuestión de edad, ni de que a uno le salgan canas o pierda el pelo. Hablo de otra cosa. Un hombre que espera todo el día sentado en casa sin hacer nada más que aguardar la llegada de una nevera no es un hombre de provecho. En eso ha consistido mi jornada de hoy: en esperar a que trajeran la nevera y luego esperar a que las cervezas estuvieran en su punto y luego en esperar a que llegara mi mujer del trabajo. Ella se ha levantado pronto esta mañana, más pronto que yo, como todas las mañanas, lógico si tenemos en cuenta que yo me he acostado mucho más tarde y que no tengo la obligación de levantarme a ninguna hora en concreto porque yo soy artista y, ya se sabe, los artistas no tenemos horarios fijos y por eso podemos permitirnos el lujo de pasarnos el día entero esperando la llegada de una nevera. Ella se ha levantado, se ha duchado, ha preparado el desayuno, ha desayunado, ha dejado una lavadora puesta que yo debía tender pero se me ha olvidado, con el asunto de la nevera no he pensado en otra cosa y no he hecho otra cosa en todo el día. Después ha conducido 25 kilómetros hasta llegar a la oficina. No tenemos hijos, pero, si los tuviéramos, seguro que ella se habría encargado de darles de desayunar y dejarlos en el colegio. En su hora del desayuno laboral habrá ido a recoger un par de trajes de la tintorería. Después habrá aprovechado parte de la hora de la comida para ir al gimnasio y después otra vez al trabajo. Desde allí habrá llamado para que vengan a hacer la revisión del gas, como quedamos, ya que a ella las llamadas desde la oficina le salen gratis. A la salida del trabajo se habrá pasado por el centro comercial para tener algo, aparte de cervezas, con lo que rellenar la nevera, esta magnífica nevera que a partir de ahora compartiremos. Yo no he podido ducharme ni afeitarme todavía, no he querido hacerlo por si llegaban los de la nevera. Después ya me ha dado pereza, total para qué si ya hoy no voy a salir de casa. Y aquí sigo, esperando que vuelva ella del trabajo, con la compra, orgulloso de nuestra nevera nueva, de nuestra vida en común, ilusionado.


(*) Texto escrito para el taller. Es de septiembre de 2009.
Justificar a ambos lados

jueves, 4 de noviembre de 2010

Mentiras

"Yo suelo mentir", me dijo
desde sus ojos de vodka con naranja.

"Pero a veces digo la verdad",
y se retorció el pelo.

"¿Serás capaz de aprender a no creerme?",
el humo de su cigarrillo cegó mi boca.

Jamás he vuelto a besar
labios tan sinceros.

miércoles, 27 de octubre de 2010

La lucha no acaba nunca



La visión y la expresión de un día no valen para el siguiente. El hoy no debe ser un recuerdo del ayer. Por lo tanto, la lucha no acaba nunca.


Robert Henri

Girl seated by the sea


Ayer estuve en la exposición de la Fundación Mapfre (Made in USA: arte americano de la Phillips collection). Me gustó la frase, tanto o más que las pinturas.

He buscado cuadros de Robert Henri. Me han gustado mucho estos dos (ninguno de los dos en la exposición. El primero está en la National Gallery of Art, en Washington D.C., del segundo no he encontrado datos). Sugerente la mujer solitaria mirando al mar. Y muy impresionista la imagen de Nueva York nevado.




Lo mejor es la exposición de fotografías de John Gutmann. Impresionante. Imposible elegir sólo una.

Tatuaje de marinera


miércoles, 6 de octubre de 2010

Inmediateces XXVI



VIDAS CRUZADAS

Ella repartía propaganda en el metro.
Él era el dueño de la academia que ella anunciaba.

Ella había venido a la capital para labrarse un futuro menos previsible del que le esperaba en el pueblo.
Él había vivido siempre en la ciudad y soñaba con retirarse algún día al campo.

Se llevaban 20 años, aunque nadie lo diría.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Noches

Denia. Noche de verano.


Ayer me di cuenta de que, en número de horas, las noches de verano son las más cortas del año. Pero, en la práctica, son las más largas. Se viven, se disfrutan, parecen interminables, uno aguanta hasta el amanecer y la tarde anterior queda lejos. Invitan, incitan, excitan.

Las noches de verano empiezan en primavera, con la templanza de las temperaturas suaves, con la manga corta y las cazadoras ligeras, con las faldas sin medias, con los zapatos abiertos, con las uñas de los pies pintadas de colores, con el aroma de promesas en el aire. Siguen con las vacaciones, trasladándose a otros lugares donde por unos días todo es distinto y hasta posible: mares, playas, ciudades, pueblos. Lunas resplandecientes en cielos despejados, lluvia de estrellas. Barbacoas, fiestas, bailes, cenas en terrazas. Pieles morenas y vestidos ligeros, pies descalzos, perfume de azahar, deseo, anhelo, melancolía o calma en las horas sin reloj. Las noches estivales regalan la necesidad de gozar, cada uno a su manera, unos en el ansia y otros en el descanso. O en ambos, según la cosecha sentimental de cada año o el día de la semana.

A partir de mediados de septiembre las noches se alargan en minutos pero se vuelven hostiles. No invitan a soñar, sólo a dormir. A recogerse y protegerse del frío. Hay otoños que regalan noches templadas, pero son tan imprevisibles que a uno se le escapan y no hay manera de acertar: o se tiene frío o se pasa calor. O las dos cosas. Y poco a poco se van afilando, acerándose con la oscuridad, alargándose hasta cubrir la tarde desde bien temprano. La noche en invierno se vuelve enemiga. Ataca en cada esquina de la calle. Empuja hacia dentro, repele las ganas de salir. Corta, apuñala, aísla. Viento, lluvia, nieve. El frío en los pies que impide el sueño, la nariz congelada, las manos que han perdido el calor. La helada nocturna vence al abrigo, a las ganas, al aliento que se convierte en humo, en vaho, en nada.

La última noche del año se alarga de manera artificial, como si fuera única, como si en unas horas se pudiera acumular la felicidad perdida durante los 365 días anteriores, como si no celebrarla equivaliera a despreciar la alegría, como si no festejarla nos hiciera más viejos. Aunque sepamos que en esa noche nada cambia, que las noches verdaderamente importantes no suelen coincidir con las fechas establecidas, con las fiestas programadas. Que en las noches de boda los novios no follan porque acaban demasiado cansados o demasiado borrachos. Que las noches especiales lo son porque esconden la sorpresa de lo inesperado.

Y que el año, en realidad, empieza en otoño. Después de las vacaciones, con el nuevo curso, cuando las noches vuelven a ser las horas de dormir antes de ir a trabajar. O las horas de trabajar antes de ir a dormir. Que hay noches para todos los gustos, de muchos colores. Aunque no sean de verano.

Madrid. Noche de invierno.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Apurando verano

Jueves, 16 de septiembre. 8.30 a.m.


Anuncian que se acaba el verano. Que va a llover y las temperaturas bajarán diez grados.
Madrid amanece bochornoso y gris. 26 grados a las 8 de la mañana y un amanecer que no lo parece, con un cielo enladrillado de nubes plomizas. No es un tiempo propio de esta ciudad, ni su luz. Chispea de camino de regreso a casa y se anuncia el olor a tierra mojada que precede a la tormenta.

Madrid se moja y yo preparo mi cuarta (mini) maleta del verano, de este verano viajero y feliz. Pueblo, fiestas, amigos. Así terminaban los veranos de la adolescencia. Con orquesta, alcohol, jersey y a veces lluvia. Septiembre en la sierra. Imprevisible y alegre.

Septiembre es imprevisible en general. Todo comienza. Es tiempo de reinventarse.

Se acaba el verano y no me importa.

Pienso en el otoño y sonrío.

Cuando me despierte cogeré un tren hacia otro fin de semana distinto y deseado.

Quedan cinco días de verano.

Broche de oro.

Y yo me doy palmadas en la espalda.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Por qué cruza la calle cada signo del zodiaco

Un poco de humor zodiacal para empezar el curso.

Me lo enviaron por mail y me pareció divertido y acertado.

Dedicado a un amigo Virgo de manual y a un Escorpio no tan de manual, pero que seguro se identifica con esto (si es que lo lee):


POR QUÉ CRUZA LA CALLE CADA SIGNO


Aries - Para discutir con alguien que está del otro lado.

Tauro - Porque se le metió la idea en la cabeza.

Géminis - Para charlar con la vecina de enfrente

Cáncer - Porque se sentía solo y abandonado

Leo - Para demostrar coraje y llamar la atención

Virgo - Todavía no la cruzó, está calculando el ancho, la velocidad de los coches, la mejor hora de atravesarla, etcétera.

Libra - Tampoco cruzó, porque todavía no decidió de qué lado estará mejor.

Escorpio - Porque estaba prohibido.

Sagitario - Porque la idea le pareció divertida y le dio la gana.

Capricornio - Porque fue a ver los negocios del otro lado

Acuario - Porque de este lado había demasiada gente común

Piscis - Qué calle? ... eh? ... ah!!!.. la calle!!!!!!!!

domingo, 22 de agosto de 2010

La melodía de Praga

Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y temores,
aunque el hilo de su discurrir sea secreto
-Italo Calvino-





Praga ha sido un sueño, en este verano de oro. Un viaje anhelado durante años hecho realidad en el momento preciso, de manera inesperada y perfecta. Por sorpresa, como suelen llegar las cosas que nos marcan en la vida, que cambian nuestro rumbo, que nos hacen otros.



Viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos, cantaba Ismael Serrano. Hay viajes que matizan nuestra mirada y nos devuelven transformados. La luz de otras ciudades nos hace distintos, aunque el cambio no siempre es perceptible.

Praga cambiante y mágica, Praga en obras y llena de extranjeros, Praga con lluvia y después sol, justo a tiempo, siempre a tiempo, Praga atardeciendo sobre el Moldava en un banco junto al río, Praga con luna llena y estrellas a través de la ventana de una habitación-buhardilla, Praga con calor y con ampollas en los pies, con trampas para turistas, con helados de limón, con pivo Pilsner, sin hielo en las bebidas.

Praga de sinagogas e iglesias, de torres de cuento, de puentes comunicantes, de museos inexistentes y mitos invisibles – el Golem es una invención -, de tranvías modernos y fachadas sorprendentes, de cafés oscuros con sabor a Kafka y Dvorak, de nombres de calles imposibles de pronunciar, de idioma incomprensible, de moneda extraña, con billetes rosas con un corazón desbordado por una lágrima.




Praga de librerías curiosas, de Malý Princ haciéndose de rogar y apareciendo de la nada en el más primoroso de los envoltorios, de perritos calientes gigantes con coca cola por menos de un euro, de strogonoff , de absenta, de muros grafiteros y adolescentes bailando en los parques, de escaparates de colores, de stendhalazos, de guionistas a favor. Praga con patos en el río, en la mochila y en una taza de café, con césped que nadie pisa, con festivales de verano y fuegos artificiales. Praga en barco y en funicular, Praga de laberintos de espejos y gárgolas fantasmales, de postales escritas y enviadas, de ojos colmados de imágenes imposibles, de confidencias, risas y alguna lágrima, de deseos formulados y cumplidos.




Praga es un después, en este verano que es un subrayado de finales y una voluntad de principios. Praga es un siempre, un ahí, un tiempo entre paréntesis, dos camisetas, centenares de fotos, un nombre, una plegaria.


miércoles, 21 de julio de 2010

Nubosidad variable


Soy escritora gracias a Nubosidad variable. Había leído muchos libros antes. Y he leído otros muchos después, seguramente mejores. Pero ninguno como Nubosidad variable.

Eran las navidades de 1994. El libro se lo había regalado a mi madre por su santo y acabé leyéndomelo antes que ella. Yo tenía veinte años, bastante ingenuos, pero los suficientes como para haber sufrido ya sinsabores y desencuentros en la amistad y el amor. Y 1994 no había sido un buen año en ninguno de los dos sentidos. El libro me enganchó, lloré como me gusta llorar con los libros y las series, llené más de cinco páginas de mi cuaderno de citas con frases (párrafos completos incluso) del libro. Y puede decirse que me cambió la vida. Porque algunas de sus frases han sido mantras a lo largo de los años. Porque cuando no he tenido nada que me apeteciera leer en un momento dado he vuelto a él como a una Biblia y siempre he encontrado respuestas. Y porque ese libro me cambió la forma de leer y de escribir.

Escribía desde mucho antes, desde que tengo memoria me recuerdo escribiendo. Estudié periodismo porque me gustaba escribir. Pero sólo después de leer Nubosidad variable fui plenamente consciente de que deseaba escribir. Escribir una novela. Una novela que consiguiera transmitir lo que a mí me transmitió Nubosidad variable. Porque descubrí que la vida cotidiana, la de cualquiera, era una fuente inagotable de emociones que podían contarse, compartirse, novelarse. Y que, a veces, la vida contada es mejor que la vivida.

Sofía Montalvo y Mariana León son para mí más reales que algunas de las personas que han pasado por mi vida. Forman parte de mí. Pienso en ellas como personas vivas.

Nubosidad variable fue lo primero que leí de Carmen Martín Gaite. Y he leído muchas de sus obras. No todas. Ni todas completas. Pero ahí están, como parte imprescindible de mi biblioteca. En cada novela, en cada ensayo, siempre he apuntado alguna frase, algún “hilo” de esa cometa que son las palabras que me han llevado a conocerme más, a comprenderme algo, a identificarme siempre.

Primero admiré su escritura y luego su persona. Íntegra y entrañable. Con sus boinas de colores y sus collages. Con una vida dura y siempre con la libertad por montera. No llegué a conocerla. Hubiese tenido la oportunidad cinco años después de su muerte, de la que el viernes hará diez años. Me enteré por la llamada de una amiga, desde Barcelona. Durante la carrera prometimos escribir la segunda parte de Nubosidad variable. Y aunque las dos sabíamos que eso no pasaría, de alguna manera hemos sido fieles a nuestra promesa. Ella ya ha publicado dos novelas. Yo sigo escribiendo.

Me acerqué a Carmen en la Feria del Libro, en 1996, para que me firmara Nubosidad variable. Le dije que escribía. Le debí de recitar de memoria un montón de frases del libro. No me acuerdo. Y ella me escribió una de las dedicatorias más bellas que me han escrito nunca. Dándome las gracias por leer y por escribir.

Gracias a ti, Calila.

jueves, 8 de julio de 2010

Ganaremos


Dos años después – dos años ya desde aquella otra final – nosotros, los de entonces, hemos cambiado. Hemos crecido. Dos años más viejos, más sabios, más vividos. Hemos viajado, vivido, amado, sufrido y escrito. Libros publicados, fotos, mudanzas, achaques, amores fugaces, nuevos amigos, idas y vueltas, presencias en ausencia y despedidas nunca definitivas; la distancia nunca es cuestión de kilómetros sino de sentimiento. Pero aquí seguimos, navegando en sótanos húmedos y en noches empapadas de alcohol y ganas.

En la competición continua que es la existencia, en la que no siempre gana el mejor, en la que a veces ganando se pierde y en la que algunas derrotas son victorias, aunque tardemos en darnos cuenta y no siempre podamos sacar una conclusión clara o una lección de la que aprender, lo importante es no rendirse. Por eso aquí seguimos. Tocados pero no hundidos. Vivos.

El Mundial ha sido raro. Tenía muchas ganas. Pero ha sido extraño. He visto los partidos en lugares distintos, con distintos grupos de amigos. El 16 de junio no fue un buen día. Médico a la hora del partido, discusión con mi madre, España que pierde y que no brilla como en la Eurocopa. El España-Honduras sí, fue en The Quiet Man, con la ilusión de recuperar el espíritu de 2008. La victoria supo mejor con la cena de después. España-Chile en un escenario nuevo, con nueva y buena gente en este 2010 de cambios y renacimientos. Risas, ilusión y tormentas de verano electrizando el ambiente. España-Portugal en Denia, semana de vacaciones y playa, y mi madre asistiendo alucinada a mi fervor futbolístico. España-Paraguay al límite, mi tren llegaba a las 20.20 a Madrid. Los diez minutos más emocionantes del partido los viví en un taxi de camino a un hogar amigo y a un cumpleaños por el que mereció la pena adelantar el regreso. Y España en semifinales, y Madrid proclamando orgullo homo-hetero-transexual y camisetas rojas y la Gran Vía un desfile alucinante y alucinado de todos los colores, en el día en el que las banderas anegaron las calles. El verano explotando en la noche despejada y calurosa de julio.

España-Alemania me daba miedo. Pero volver a verlo en The Quiet Man me daba tranquilidad. El pulpo Paul, san Fermín, yo vestida de blanco y rojo, porque en aquella otra final ganamos y yo iba con la misma ropa, y las uñas lacadas en rojo, como si no fueran mías. El corazón, la camisa y mi perfil en Facebook palpitando en rojo emoción. Mi alma con España y proyectándose en Praga, el destino en el que quedará escrito este verano de 2010. Será que cada seis años toca vivir un verano de los que no se olvidan. Como el de 1998, como el de 2004. Ciclos que se repiten puntualmente, las leyes mágicas del azar. No dejamos de caminar en círculos.

España en la final. Ganas, nervios, toda la emoción y las ilusiones en la cabeza, en la sangre, en el cuerpo. No sé dónde lo veré. Sé que ganaremos. Sea cual sea el resultado. Porque en este verano de 2010 la suerte está de mi lado.



domingo, 4 de julio de 2010

Orfandad

No hay huellas
de la niña que fui
en estas playas.

Veranos sin mar.

Mi piel creció desalada
destapándose
ante labios de aguas dulces.

Adolescencia infinita
sin orillas ni arena.


Playa de Denia. Junio 2010.

lunes, 21 de junio de 2010

Silvia

SILVIA


Silvia, a los quince
con su melena olor a menta
manta dorada
donde soñaban enredarse
los chicos más guapos.

Silvia, a los veinte
alta y lejana
tras los escaparates,
musa de mis amigos.

Silvia a los treinta y cinco
es morena

se casó
tuvo dos hijos
dejó el trabajo.

"Perdió su encanto", dicen todos.

martes, 8 de junio de 2010

Tarde de Emily y lluvia

Ojalá fuese para ti el verano
si los días de estío se te alejan


El cielo nublado y la ventana abierta. El aire fresco y el olor a tierra mojada. La indolencia de una tarde sin obligaciones en mucho tiempo. La felicidad de estar disfrutando del momento, de lecturas ajenas haciéndolas mías. Emily Dickinson llena este atardecer húmedo de nostalgias imprecisas.


¿Y quién me sacará un día de fiesta,
con unas alas para huir,
con pompa que aún no te figuras?


La ropa de invierno en la lavadora, la de verano dispuesta para ser planchada. Las ganas de escribir, las fantasías sobre planes cerrados y sobre viajes inexistentes. El miedo fuera, el vacío a llenarlo a base de ilusión. La gente que me quiere y que está, a los que no están no los quiero para nada. La sensación de que aún quedan algunas primeras veces.

La lluvia suave llevándose el calor, junio incipiente, palabras que hacen soñar.


Saber llevar nuestra porción de noche
o de mañana pura;
llenar nuestro vacío con desprecio,
llenarlo de ventura.

Aquí una estrella, y otra estrella lejos:
alguna se extravía.

Aquí una niebla, más allá otra niebla,
pero después el Día.


Hoy algunos poemas me describen.


Hay una soledad del mar,
una soledad del espacio,
una soledad de la muerte.
Y no obstante parecen compañía
comparadas con esa más profunda
–intimidad polar,
infinitud finita:
la del alma consigo.



(Poemas extraídos de: Emily Dickinson. Poemas. Colección Visor de Poesía. Traducción de Mariá Manent)

jueves, 3 de junio de 2010

Verano


A veces, en un ataque de flaqueza, la mujer que ahora vuelve a estar en tierra de nadie se descubre lamiéndose heridas en forma de cicatriz que le recuerdan que ha sobrevivido. Se sorprende de seguir en pie y piensa que ser osado y ser valiente no es exactamente lo mismo, aunque a menudo sus consecuencias son parecidas.

A veces, en un ataque de nostalgia, el chico del área de descanso y el muchacho de la sonrisa roja se cuelan en las tardes calurosas, en las noches que presagian verano. Y no hay primavera capaz de espantar el miedo. El miedo a no volver a amar como aquel verano del 98, cuando el universo conspiraba y todo era posible, cuando no había ganas ni necesidad de salir de la habitación, cuando todo era descubrir y sorprenderse. Miedo a no volver a sentir temblar todo el cuerpo bajo una caricia, a no volver a reconocerse en miradas feroces, a saberse completa en el tacto de unos dedos. Miedo a no volver a estremecerse con mails de madrugada en noches de vigilia compartida como en aquel 2006, de amor después del amor, o del desamor, o del error. Miedo a no encontrar rival intelectual y dialéctico que provoque curiosidad y ganas y luego la folle con lujuria y vicio, ensalivándola hasta el orgasmo. Miedo a no volver a encontrarse con un hombre que no ronque, que cocine para ella, que la abrace con ternura y la penetre con delicadeza como aquel amor fugaz de 2009, ligero y fatuo como el fuego extinguido en picaduras de agua.

Ahora, la mujer que vuelve a estar en tierra de nadie ha vuelto al pelo corto, a su espíritu de niña ansiosa con ganas de verano y viaje. Esa eterna adolescente vuelve a reconocerse en las fotos de veranos felices, antiguos pero no olvidados, relucientes en las fotos que nunca desaparecieron.

Ahora, la chica del área de descanso vuelve a tener una sonrisa dispuesta en el bolsillo y una chispa de futuro presta a prender bajo las noches de julio y el sol de agosto.

Porque las ganas de felicidad siempre fueron el mejor conjuro contra el miedo.




viernes, 14 de mayo de 2010

Miedo

(Fragmento de El Día del Watusi, de Francico Casavella)


Y me asusto. Me asusto. Andrónico de Rodas clasificó trece tipos de temor. A mí, sin pensarlo mucho, me salen más: temor a la libertad, temor a estar siendo otro, temor a estar siendo demasiado uno mismo (y estar vacío), temor a la locura de los demás, temor a la propia locura, temor a la carne, temor a la paranoia, temor al temor, temor a la falta de temor (el mal presagio), temor al temor de los demás, temor al dolor ajeno que pudiera volverse propio, temor de que la vida no se parezca a nada (porque es todo, y lo idéntico que es todo a ese todo), miedo a ser, miedo a dejar de ser, temor al pasado agotado y, aún mayor, temor al pasado inagotable, a los secretos de familia, a los propios secretos, a lo que puede dar de sí un día. Son dieciséis.
(…)

[Ni cuando tiempo después] me preguntaba qué iba a ser de mí y, sobre todo, qué había sido de mí, ni cuando evité a Elsa, tumbada en un portal, y aceleré el paso en callejas mal iluminadas, ni cuando, siempre a la carrera, huía de sus parientes entre mármoles encargados por las mejores familias de la ciudad y calculaba, por mero reflejo, por absoluto patetismo, el precio del cansancio final, ni en la montaña rusa de ocultaciones que ha sido mi vida, ni en la esquina donde fui egoísta, ni en los bares donde fui ridículo, ni en las avenidas que me llenaron de asco y donde cada uno de los dieciséis temores míos encontraba su nombre, ni en las azoteas donde sin serlo me creí sublime, ni ahora, cuando vuelvo a recordar puedo encontrar mejor frase que “otra dimensión, la del miedo” para dar una idea de lo que sucedía, de lo que me ha estado sucediendo. Miedo.

Aun así aquella carrera, todas las carreras, me hicieron invulnerable a los demás, pero roto. Una tosca manera de iniciación. Una llaga que nunca se cierra hace su trabajo, atraviesa los años contigo hacia ninguna parte.


jueves, 6 de mayo de 2010

Inmediateces XXV

AZAR

Aquella noche todas las posibilidades del mundo estaban al alcance de una copa de vino.
Cuando fui a pedir, sólo les quedaba cerveza.



viernes, 23 de abril de 2010

Libros, libros, libros

(*)

Esta es mi mesa de novedades.

Un auténtico lujo.
Y los amigos que me los regalaron, más.
Sí, todos son regalos de cumpleaños.


¡FELIZ DÍA DEL LIBRO A TODOS!



Para los que estéis en Madrid: el Bremen organiza un concurso de microrrelatos en EL LADRÓN DE TINTA. De 20 h. a 21 h.

Más detalles aquí:
http://camarote503.blogspot.com/2010/04/el-bremen-en-el-ladron-de-tinta.html


(*) Para los curiosos. Los libros son:

DUBLINESCA, de Enrique Vila-Matas (Seix Barral)

EL ARTE DE LA FICCIÓN, de David Lodge (Península)

AQUÍ COMIENZA NUESTRA HISTORIA, de Tobias Wolff (Alfaguara)

EL DÍA DEL WATUSI, de Francisco Casavella (Destino)

EL DON DE VORACE, de Félix Francisco Casanova (Demipage)

POEMAS de Emily Dickinson (Visor)

LA HORA DE LOS GATOS, de Ángela Lófer (Antinea)

BARRIO LEJANO, de Jiro Taniguchi (Ponent Mon) (cómic)

jueves, 15 de abril de 2010

Abril es el mes más cruel


Abril es el mes más cruel, criando

lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, removiendo
turbias raíces con lluvia de primavera.

(...)

¿Cuáles son las raíces que se aferran, qué ramas crecen
de esta pétrea basura? Hijo de hombre,
no lo puedes decir, ni adivinar, pues conoces sólo
un montón de imágenes rotas, en que da el sol,
y el árbol muerto no da cobijo, ni el grillo da alivio,
ni la piedra seca da ruido de agua. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja,
(entra bajo la sombra de esta roca roja),
y te enseñaré algo diferente, tanto
de tu sombra por la mañana caminando detrás de ti
como de tu sombra por la tarde subiendo a tu encuentro;
te enseñaré el miedo en un puñado de polvo.

(...)


"Me diste jacintos por primera vez hace un año;
me llamaron la chica de los jacintos"
-Pero cuando volvimos, tarde, del jardín de los jacintos,
tus brazos llenos y tu pelo mojado, no podía
hablar y me fallaban los ojos, no estaba ni
vivo ni muerto, ni sabía nada,
mirando en el corazón de la luz, el silencio.


T.S. ELLIOT. La Tierra Baldía; I. El entierro de los muertos

Traducción de José María Valverde. (T.S. Elliot. Poesías Reunidas. Alianza Tres)

martes, 6 de abril de 2010

Instinto


Y cómo podremos sostenernos
si los dos tan frágiles
cómo un cristal puede golpear a otro
sin romperse
cómo una gota llover sin deshacer la nube
cómo la cría nacer sin quebrar la cáscara
dime, amor, cómo sortearemos los días
hasta que vengan más noches
inventa la fórmula
para no hacernos daño
con tanta palabra
o con demasiado silencio
cómo se mide el tiempo exacto
de hacer las cosas
cómo se juntan los pies
si no hay piernas que los sostengan
cómo se cruza la vía
sin ojos ni oídos
que orienten el peligro
cómo se sobrevive
cuando se ha perdido el instinto


(poema rescatado de algún baúl. Sin fecha concreta y sin motivo aparente. Versos, nada más)

lunes, 29 de marzo de 2010

Panfleto Calidoscopio, número especial



Otra colaboración en el Panfleto Calidoscopio, en el especial titulado "Números".

Un fragmento y un poema.

El fragmento se llama "Números en el salpicadero" y empieza así:

Ya se ha hecho de noche y los coches que vienen de frente parecen el enemigo. Sus luces contra las mías son balas que esquivar. Da la sensación de que en cualquier momento alguno va a invadir mi carril. El choque sería mortal. Pum, crash y adiós.

Para seguir leyendo, pincha AQUÍ

miércoles, 24 de marzo de 2010

Contra pronóstico


Contra todo pronóstico la tormenta no me pone triste, sino eufórica. No es que haya motivos – que no los hay – pero me resulta extraño, de repente, no tener recuerdos ni ganas de convocarlos. No me reconozco, no parezco yo y me sorprende gustarme un poco. Me sorprende disfrutar del café de la tarde, de algunas entradas en los blogs amigos. Cada trueno con su relámpago- ¿o es al revés?, nunca lo supe – alimenta una alegría imprecisa, unas ganas latentes, una felicidad agazapada que saldrá más tarde o más temprano. El aburrimiento y el tedio del estudio cuando hace muchos años que dejé de ser estudiante – “porque de todo comienza a hacer ya mucho tiempo” – se llevan mejor con Facebook en la pantalla. Quién nos lo iba a decir. Cuando yo estudiaba, los trabajos se hacían a golpe de libros de biblioteca, de visitas a la hemeroteca de Conde Duque donde recogías las páginas en microfilm. No tuve ordenador propio hasta el año 1995, en cuarto de carrera. Hasta entonces los trabajos los hacía a máquina (la mía, en realidad la de mi padre, ni siquiera era eléctrica, una Pluma 22). Sólo han pasado 13 años. Y varias vidas.


Mi máquina, en su lugar privilegiado de la estantería


Pues eso, que hoy tengo el espíritu revoltoso, dispuesto a relativizar y a reirme de todo, a ritmo de esa cancioncilla de Kevin Johanssen:

Desde que te perdí, se están enamorando todas de mí (…)
Desde que te perdí las puertas se me abren de par en par (…)
y yo aprovecho cada oportunidad.
(…)
Desde que te perdí la vida me sonríe sin cesar,
tengo trabajo y mucha estabilidad
(…)
Desde que te perdí nunca tuve tal libertad
desde que te perdí no me importa nada de ná...


Y no os perdáis el video, una delicia…

viernes, 19 de marzo de 2010

Delirio en vodka



Y de dónde esta necesidad de llegar borracha y necesitar vomitar palabras. No debería beber pero me he aficionado al vodka. Caipiroskas, vodka con sprite para endulzar la noche, el deseo, el ansia. Pero ante todo la contención. Borracha como para escribir lo que no debería pero no lo suficiente como para que mis actos me delaten. Hubiera besado, sí, esta noche. Pero no. La vida no es como en las canciones. Bunbury como banda sonora de lo que no será. Ni siquiera sé si me gusta X., aunque lo finja. Palabras que no derivan en actos. No querer, en el fondo. Demorar el suicidio emocional, saborear el fracaso antes de intentarlo. Ilusionarse, pero poco, con prevención como antídoto a la nada, al vacío. Sin que duela. No hay heridas abiertas, pero quedan cicatrices (leído en una entrevista de EPS). Hablar de Ray Loriga como una realidad, una posibilidad. Mentiras que alivian, ensoñaciones que salvan. Acordarse de XX, de repente, sabiendo que no debería. Empeñarme en XXX, aunque sea mentira, también, y no importe tanto como creo. Saber que ninguna de las X de las que hablo aquí (y algunas Y que no ignoro, de las que sé y me hago la tonta, o demoro lo inevitable) leerán esto. Esperar más de la vida, como siempre. Paréntesis hasta junio, no apto para impacientes. Caparazón fingido, palabras confusas. Insultos que son halagos, paradojas que es mejor no resolver. Demasiado alcohol en sangre. Vómito necesario. Grito. No saber. No querer constatar certezas, mejor dejarlo correr. No agotar la esperanza, no matar el deseo. No existe la falta de oportunidad, sólo la ausencia de ganas. Ligera felicidad, esta noche. Levedad y pesadez. Cobardía propia y ajena. Sí pero no. Farolear como quien juega a los dados. Bailar, reir, tener ganas pero saber que aún no es el momento, dudar de si llegará y casi disfrutar en la espera. Que me dé igual publicar esto. Querer hacerlo, desear hacerlo. Nada que perder. Desnudo emocional. Quien quiera verme en esencia, que lea primero esto. Pero sé que nadie lo hará. Estoy a salvo. Guardadme el secreto, amigos. No os mereceis esta vomitona emocional pero es lo que toca esta noche. Esta soy yo. Corazón latente y latiente. Se subasta al peor postor. ¿Quién quiere pujar por el caballo perdedor? ¿Quién se atreve?

miércoles, 10 de marzo de 2010

Buscando tesoros




“Puede que durante todo este tiempo hayas estado buscando en el lugar equivocado. Hay montones de tierra por todo el parque. Cada vez que creías haber encontrado un tesoro has terminado con otro montón de huesos de muerto entre las manos. Pero no te preocupes. No eres una mala buscadora de tesoros, simplemente estás buscando en el sitio equivocado”.


Ray Loriga (Héroes)

domingo, 28 de febrero de 2010

Las chicas de las canciones



Siempre me gustaron
las chicas de las canciones.
Camareras de bar
muchachas tristes
con demasiado pasado
y ningún futuro;
musas de barra
ángeles de carretera
novias buenas de chicos malos
o al revés.

Buenas chicas
chicas de ayer
chicas de colegio
reinas de un jardín de rosas
con veneno en la piel
chicas cocodrilo
mujer contra mujer
niñas que ya no quieren ser princesas
mujeres fatales que equivocaron su sitio

La vida
siempre es mejor en las canciones.


domingo, 21 de febrero de 2010

Sábados limpios


Sábado 20 de febrero de 2010

Me gusta salir de trabajar los sábados por la mañana, cuando el día es limpio, como hoy. Poco tráfico en la ciudad que se despereza, apenas gente en las calles. No hace mucho que ha amanecido y las hordas de adolescentes borrachos ya duermen la fiesta del viernes noche. Tan sólo se ve algún viajero que va o que regresa con su maleta a cuestas con deseos de partir o de descansar, los empleados de las cafeterías alzando el cierre, algunos porteros barriendo la entrada de los portales, un vecino paseando un perro.

El sol contra los edificios deslumbra con luz contagiosa. El cielo despejado es una promesa, o mil. De lo que puede deparar el día, la semana, el año, el futuro. La música acompaña en cada semáforo y la ciudad se hace cómplice de pensamientos extrañamente eufóricos. Nada importa, sólo este presente. Y llegar a casa: zumo de narnaja, cola-cao con mini croissants, un rato de lectura y a dormir. Cuando despierte, será sábado por la tarde. Y quizá quede aún un resto de luz.

Hoy sonaba esto:



martes, 16 de febrero de 2010

Juegos infantiles

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes
yo vine a llevarme la vida por delante

-J. Gil de Biedma-


Me hice mayor
entre las cuatro paredes
de un patio de colegio.

Coleccioné desencantos
deshollé mis rodillas
contra el suelo de cemento
pero me levanté
y seguí corriendo.

Nunca jugué a papás y mamás
decapité mil muñecas
que jamás me hablaron.

Descubrí la tentación
colgándome boca abajo
de los hierros de una canasta.
No sé si me divertía:
bastaba con que estuviera prohibido.

Aprendí bien temprano
que el Dios de las monjas no era el mío.
Redacté mi propia biblia
de libros y canciones:
ese fue mi único credo.

Demasiado pronto
terminaron las carreras
la goma
la comba
el rescate
el cinturón
el béisbol
el churro va
el balón prisionero
los partidos de baloncesto.

Nos hicimos mayores
y antes de darnos cuenta
los juegos empezaron a ir en serio.


sábado, 6 de febrero de 2010

Relato en "Afinidades Narrativas"

Existe un blog que se llama "Afinidades Narrativas", en el que autores de narrativa en castellano nombrados por otros son invitados a participar. Yo fui nombrada por María Zaragoza y así comienza el relato publicado:


LA ÚLTIMA NOCHE

De esta noche no pasa, piensa Lucía, pero sabe que le falta el valor. Mira por la ventana y el odio regresa junto al mismo paisaje aburrido de ropa tendida. Los tangas de colores de la estudiante de enfrente le recuerdan que hace no tanto ella también fue joven, que tuvo amantes y tal vez otros sueños. No estos de ahora, sueños en blanco, insomnio maldito de nunca descansar. Alerta de día y de noche, y la calma cuándo. Un perro ladra y a ella le vuelven las ganas de matar, de ahogar esos aullidos que nunca cesan. El patio abajo, la tentación y el vértigo del ya nunca más. Parece fácil pero no lo es. Luis está a punto de llegar del trabajo y hace tiempo que Lucía no le espera. Se agotaron las ganas de tener la casa limpia, los platos fregados, la ropa recogida. Y los vestidos nuevos, y la mirada de rimel, y la sonrisa disparada en rojo. Ahora las colillas abandonadas en los ceniceros pudren el aire y las marcas de las patadas en las paredes que no se borran. La ceniza ha prendido en las cortinas, siempre echadas para que nadie vea. De puertas para adentro cada casa es un universo de impunidades. Lucía desearía hacer un nudo con sus pensamientos y atarlos bien fuerte, hasta dolerle las manos, los nudillos blancos de tanto apretar, y arrojarlos al retrete hasta verlos desaparecer en un remolino de agua revuelta con olor a pino. En vez de eso bebe otro trago de vino áspero y enciende un cigarro. El último, se dice, y no le importa mentirse una vez más.



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