La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

jueves, 23 de diciembre de 2010

DONDE SIEMPRE ES DICIEMBRE (Cuento de Navidad)


¡FELICES FIESTAS!

Mi regalo navideño, en forma de relato
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DONDE SIEMPRE ES DICIEMBRE



Esta vida me hastía. La rutina se me hace insoportable. Siempre lo mismo, año tras año. Cuando llegué, este mundo me fascinó. Todo me resultaba nuevo, distinto a lo que había conocido hasta entonces. La casa que me tocó en suerte era una de las mejor situadas, junto al río. El paisaje, con las montañas al fondo, nevadas en cualquier época del año, me pareció idílico. Me encantaba abrir la ventana por la mañana y sentir el olor a leña quemándose en las chimeneas, el aroma de la carne asándose, el frío en la cara y en las manos. Los vecinos del pueblo siempre fueron amables, me acogieron con gusto y muy pronto me convertí en uno más, adaptándome perfectamente a esta vida tranquila. Cada uno trajo algo suyo, para que fuera tirando. Unas ovejas, unas gallinas. Y pronto también tuve un pozo a mi disposición. Fue una sorpresa lo del pozo. Una mañana me desperté y allí estaba, en mitad del pequeño jardín que rodea mi humilde granja. Sí, con los años esto se ha convertido en una granja, con sus cerdos y todo. Por aquí todos me llaman el granjero.

Al principio, como digo, todo me parecía bien. Incluso llegué a enamorarme de la molinera. Una muchacha rolliza y complaciente, que me desveló sus secretos en el pajar que su familia construyó detrás del viejo molino. Ay, la molinera. Se casó el año pasado con el panadero del pueblo. Cosas de negocios, me repite. Dice que me echa de menos y de vez en cuando recordamos los viejos tiempos entre las gavillas de heno, aunque queden ya pocos secretos que descubrir entre nosotros. Pero no es como antes.

Ya nada es como antes. Los críos, que antaño rondaban mi granja correteando y gritando alegremente, ahora se divierten de otra manera. Hacen pintadas en las fachadas de las casas, apedrean las luces que adornan las ventanas, rompen el hielo que cubre el río y les da por cagarse en los sitios más insospechados. Se bajan los pantalones y hala, a ciscarse. Todo empezó cuando vino aquel muchacho, procedente de una región al noreste de un país lejano de cuyo nombre no me acuerdo, e impuso la moda, al parecer algo tradicional en su tierra.

Ni los soldados, que antes solían bajar y pasear por el pueblo, se molestan ya en rondar por aquí. No salen del castillo. Siempre me fascinó el castillo que, imponente, preside la colina a la entrada del pueblo. Con sus torres redondas, sus almenas perfectas, sus juegos de luces y de aguas. Dicen que el rey, que tiene mucho poder, odia a los niños. Se rumorea que tiene tantos enemigos que no sale de su fortaleza por miedo a encontrarse con alguno de ellos. No sé si será cierto, pero los padres usan su nombre para atemorizar a sus hijos cuando se portan mal.

El río este año viene turbio. Antes era famoso, el río de plata lo llamaban. El hielo helado formaba una capa argentada, brillante y hermosa como las noches de luna llena. Las láminas congeladas, tan finas, parecían de papel; tan frágiles que amenazaban con quebrarse o arrugarse al menor movimiento. Yo solía pasarme las horas en el puente, contemplando la superficie fría y reluciente del río, observando los patos que no se atrevían a cruzar a la otra orilla, mirando a las lavanderas paseándose ribera arriba ribera abajo, con sus delantales impolutos y los cestos de ropa en las caderas. Ahora las aguas bajan sucias. Se hace imposible lavar la ropa, se quejan las mujeres, y ya ni los peces quieren beber. Había una canción muy famosa que hablaba de eso, “pero mira cómo beben los peces en el río”, y ya no me acuerdo de cómo seguía.

Todo se pudre y las modas cambian. Desde hace unos años a todos les ha dado por subir al monte y llevarse los abetos. Los meten en sus casas y los adornan con cintas y bolas de colores. Algunos les ponen luces. Por los niños, dicen. Yo, la verdad, no le veo la gracia. Otra vez les dio por plantar palmeras en medio del camino. Al año siguiente ya no estaban.

Desde hace unos días ocurren cosas muy extrañas en el pueblo. Varios pastores han desaparecido sin dejar rastro. Sin motivo aparente, sin ninguna razón que lo explique. Sus ovejas han huido al bosque y por las noches balan sin consuelo, silenciando el aullido de los lobos. Todos tienen miedo. Últimamente las estrellas brillan de un modo especial y dicen que se avecina la llegada de un cometa. Cada día, a las doce, desde hace una semana, las campanas de las casas suenan sin que nadie las toque. Los niños salen a la puerta y cantan al compás una canción sencilla y pegadiza, que nadie sabe de dónde han sacado: “Campana sobre campana y sobre campana una...”

El inocente Bautista dice que se perdió en el monte y que se le apareció un ángel que le anunció acontecimientos maravillosos. Desde ese día recorre las calles montado en una oveja, blandiendo en la mano una vara de olivo que ondea como si fuera una bandera. “Soy un profeta, me lo dijo Gabi el ángel”, proclama, y repite algo acerca de la llegada de un salvador que redimirá al mundo. Pobrecillo, ha perdido el juicio por completo.

Estos extraños fenómenos coincidieron con la aparición de los forasteros. Una parejita muy mona, ella embarazada, a punto de dar a luz. Parecen de fiar. Él es un poco extraño, tiene aversión a las palomas; se vuelve loco cuando ve alguna. Eso dicen, yo no lo sé. A mí me parece un buen hombre. Ella tiene algo especial. Un aura virginal combinada con una fortaleza de espíritu fuera de lo común. Como si estuviera tocada por los dioses. Su llegada ha despertado cierto revuelo. Los pastores han bajado para verlos, los vecinos les llevan obsequios, incluso los soldados estuvieron husmeando, haciendo preguntas. Él es carpintero, según me han contado. Se presentaron sin más, montados en un burro, sin apenas equipaje. Se han instalado en el viejo granero abandonado de las afueras, donde conviven con los bueyes y las mulas. Todos esperan con impaciencia el nacimiento. Dicen las mujeres que va a ser niño, ellas entienden de estas cosas.

En el castillo hay un revuelo inusual. Tres sabios de Oriente han elegido nuestro pueblo para hacer una visita. El rumor se ha extendido en las últimas horas. Dicen que les guía una estrella. Yo no creo en esas habladurías, pero quién sabe. Dicen también que uno de ellos tiene la piel de azabache, negra como el carbón. Según otras informaciones, son reyes y tienen poderes mágicos. Al parecer viajan en camello y han atravesado mares y desiertos para poder llegar aquí. Les acompaña un séquito de pajes con cofres llenos de regalos: oro, incienso, mirra... La gente es muy imaginativa, creen en cualquier cosa que les dicen.

Estoy harto. Todos los años lo mismo. Cada diciembre las mismas leyendas, los mismos rumores. Y, al final, nunca pasa nada. Esta aldea nunca será famosa. Este Belén en el que se desarrolla nuestra existencia seguirá igual, por los siglos de los siglos. A veces me da la impresión de que esto ya lo he vivido. De que estoy condenado a repetir siempre lo mismo cada año, por estas fechas. Me pregunto por qué aquí nunca es verano, por qué los niños nunca crecen, por qué el tiempo parece detenido. Me gustaría salir de aquí, conocer otros mundos. Pero me siento atrapado, como si estuviera castigado a vivir en una caja de zapatos y a salir sólo a mediados de diciembre. Cuando comento estas sensaciones con mis vecinos, se limitan a encogerse de hombros y a mirarme con condescendencia, como si estuviera loco.

A lo mejor este año es distinto. A lo mejor nace un niño y nos visitan unos reyes magos. Dicen que la muchacha sale de cuentas la noche del 24 de diciembre.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

que chulo!! me ha gustado mucho!
fer.

Fleischman dijo...

Felices fiestas, MRN. Las figuritas del belén están para dejarlas quietas, no te pongas a jugar con el granjero y la molinera, que nos conocemos. :D

Malena dijo...

Mi querida ETDN: Ha sido delicioso entrar a formar parte de ese Belén, porque yo he entrado aunque no te haya pedido permiso y he estado hablando con el granjero, con los pastores y he mirado como se acercaban esos Reyes. Más de una vez he cerrado los ojos y he imaginado como habría sido si yo lo hubiera vivido y mira por donde me has dado la oportunidad. Mil gracias por este relato tan especial.

Te deseo una muy feliz Navidad junto a los tuyos y que el próximo año te traiga esperanzas, salud, ilusiones y muchas alegrías.

Tu hermana mayor.

Malena

Elena Lechuga dijo...

Jejejeee... una mezcla entre ironía y ternura mú conjuntaita.
Espero que pases una buena noche, y gracias por el relato-regalo.
Bss

ETDN dijo...

Gracias a todos, por estar, por leerme, por seguir, por comentar.

Las cosas que nos importan deben compartirse y es un lujo hacerlo con personas como vosotros.

Perdón si suena un poco cursi, pero son estas fechas...:)

NáN dijo...

A mí estas fechas me pillan con unas fachas que paqué. Como más tonto de lo que soy, mirando el reloj a ver si pasa rápido.

Pero has hecho un gran relato (quiero pensar que desde la perspectiva del cagonet) y parece que a ti te gustan.

Así que, ¡felicidades!