La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

domingo, 15 de abril de 2018

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Resistir. Reconstruir. Reinventarse. Renacer.


Atravesé los meses a ciegas, hasta este ahora, tan incierto.

Grité mi dolor, perdí mi voz, se me retorció el cuerpo en una primavera cruel.

Quise creer, fui feliz durante un verano de alegría inesperada.

Traté de negar la llegada del otoño, los días oscuros, los árboles desnudos.

Con el frío estallaron todos los espejismos, todas las mentiras.

Aún dura el invierno.

Pero al mirar mis manos vacías no pienso ya en lo que no pudieron retener, sino en cómo volver a llenarlas. Cómo hacerlas útiles de nuevo.


Renacer. Reinventarse. Reconstruir. Resistir.




(Un resumen exacto de todo. Estallidos, añicos, cristales rotos, símbolos destruidos, devastación. Aniquilarlo todo y empezar de cero. Seguir en la lucha. No dejarse vencer. Dejar un año atrás y encarar otro, esperando lo mejor. Sabiendo que siempre llega el verano)

domingo, 4 de marzo de 2018

TRUCOS



Creemos en la magia por la necesidad de la ilusión, nos aferramos a ella como a una fe, sin querer ver que cada truco es un engaño, que ese embrujo ha de ser fugaz porque en eso radica su eficacia: en que no dura. Cada número es un visto y no visto. Así ha de ser para que no descubramos lo que hay detrás de la placentera mentira que nos asombra y nos deslumbra. Una vez conocido el truco, visto el as mal oculto en la manga, todo en lo que quisimos creer se esfuma y la ingenuidad de nuestra mirada desaparece con la misma rapidez del conejo que apareció en la chistera. Entonces todo deja de tener gracia alguna y donde hubo magia ya no hay nada. 



viernes, 17 de noviembre de 2017

DIECIOCHO

Y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira:
les diré que llegué de un mundo raro,
que no sé del dolor,
que triunfé en el amor
y que nunca he llorado.



Y van dieciocho, y yo sigo sintiéndome tan pequeña como entonces, igual de perdida, sin alcanzar la mayoría de edad en tantas cosas, por más años que pasen desde aquel último noviembre de los años 90. Creemos que sabemos, que aprendemos, que maduramos, pero todo es mentira. Sólo sobrevivimos, mentimos, nos engañamos. Y seguimos fracasando, llorando, sufriendo. Volviendo a las canciones tristes que nunca pasan de moda, que ahora como entonces siguen siendo espejo, desahogo, consuelo, placer culpable (como si hubiese alguno que, en el fondo, no lo sea).

Dieciocho años después vuelve a ser tiempo de adioses, de cambios de planes, de no conseguir zafarse de esa amiga mala suerte que se empeña en perseguirnos mientras la buena fortuna nos es esquiva, de vagar por la acera equivocada porque ninguna es buena en la calle del olvido.

Once meses de despedidas sucesivas. Algunas aún no puedo nombrarlas. De otras a mi pesar supe, y no sé si esas verdades fueron carga o liberación: no era mi nombre el que inventaban los hombres con quienes yo soñaba o a quienes deseaba tener a mi lado.

Volví a ver a A., la nostalgia y la tristeza volvieron a coincidir y después vino la nada. Sus recuerdos eran muy distintos de los míos, y es el presente con su dosis de realidad el que al final se impone. Su sombra y la mía cada una en una acera. Las cosas de la vida.

Ya no creo en películas rosadas, pero hasta esa clase de no amor me ha fallado. Los que quiero querer acaban eligiendo a otra que no soy yo. Se me olvida una y otra vez que nunca me elegirán, que quizá nunca me quisieron. Que mientras yo escribo sobre ellos probablemente ya me hayan olvidado. Que no habrá ocasión de gritarles un "déjame" porque no tienen ningún interés en volver. No, decididamente la vida no es como en las canciones. Y, en ocasiones, resulta aún más triste que las canciones tristes.

Sé que ir de loser no es sexy, muchos amigos me abroncan por ello, pero me da igual. Una tiene que asumir lo que es. Encajar los golpes de la vida. Cada uno lo hace a su manera, como sabe o puede. Esta es la mía: la literatura, las canciones, los amigos, sin distinguir si son reales o imaginarios. Para confortarnos cuentan tanto las personas que tenemos a nuestro lado todos los días como los personajes de ficción o aquellos a quienes no llegamos a conocer en persona pero cuyo arte nos salva, nos describe, nos emociona y nos hace sentir vivos.

Gracias, Enrique, por tus canciones. Que me siguen acompañando. Que nunca fallan. Que son mi vida.





Pd.- Esta canción la escuché por primera vez en la voz de Enrique Urquijo, en la versión de su disco con Los Problemas. Después he escuchado muchas otras, incluida la de Chavela Vargas. Pero esta sigue siendo mi favorita. Esa emoción del descubrimiento, en la voz de Enrique, permanece. 


lunes, 31 de julio de 2017

DÍAS FELICES DE JULIO



Y en julio siguió la fiesta, el verano en vena, las noches en amistad, las terrazas compartidas, luz de luna y lumbre. La celebración de un cumpleaños que en realidad fueron dos. La alegría en el aire, la risa cómplice, los planes improvisados, la locura, los bailes torpes, los desequilibrios y los descalabros, el pandillismo adolescente pero mucho mejor, el teléfono ardiendo de whatsapps, de convocatorias en diferentes combinaciones de elementos. La novedad electrizante de estar en conexión. Las canciones en los bares, en los salones, en el coche, en los taxis, las ganas de cantar, de danzar descalzos, los momentos mágicos. Amigos para siempre means you´ll always be my friend. Querer. Quererse. Querer quererse. Querer estar. Pertenecer. Permanecer. Hablar. Escuchar. Sonreír. Sonreírse. Mirar. Mirarse. Tener sueño. Tener sueños. Soñar. Soñarse.


Comida de chicas alrededor de un arroz. Vino blanco y gintonics. Tarde de viernes y calor, por fuera y por dentro. La piel ardiendo y el corazón colmado de afectos, latente, latiendo. El futuro en los posos del café: toda encrucijada es un camino que se abre y otro que se deja atrás. La imposibilidad de saber cómo acertar. En qué. Con quién. Ensayo y error. Equivocarse es otra forma de aprender y es imposible saber dónde conducirá un sendero que no se conoce hasta que no se explora. Conviene andar el camino sin volver la cabeza y sin agacharla demasiado. Tirar  hacia adelante con la vista puesta en el horizonte, aunque nos espere un precipicio. Y disfrutar del paisaje, mientras se pueda.


Volver al ático que me salvó el invierno, a esa terraza abierta al cielo del sábado, a las palabras, al teatro, la imaginación volando y la cabeza también. Bebérselo todo: los licores y la vida. No recordar los pasos hacia el Toni 2 pero acabar allí, sin pasado y sin nostalgia de la última vez, brindando con extraños hasta el amanecer. Regresar a casa de día como entonces: 1998, 2004, 2010, esa mágica secuencia de veranos felices en Madrid.


Llenar la maleta roja otra vez, un taxi de madrugada (como Amsterdam, como Praga), amanecer de aeropuerto, un avión rumbo al norte. Ventanilla y todas las sensaciones del mundo dentro: emociones que tapan otras, o que las sustituyen. La extrañeza de viajar sin J. Frases susurradas al oído, como cantos de sirena ahuecando mi cabeza. Huidas a otros abismos, que nos alejen de lo que nos mató, dejar atrás el corazón a la vez cadáver y lugar del crimen, fingir que los asesinos nunca existieron.


Días felices de Malmö y Copenhague. Vacaciones, buen rollo, planes apetecibles, acuerdos fáciles. Espíritu hygge. Desayunos largos, conversaciones reconfortantes. Música, mar, belleza, colores. Pasear las ciudades, demorarse en los museos, preferir las tiendas a los parques de atracciones, atisbar las casas expuestas a las miradas ajenas. Fotos y más fotos. Gifs en bucle. Los anocheceres de medianoche, la fascinación por esa línea de luz bajo las nubes que nunca se apaga. Los lugares abiertos, los paisajes infinitos. Solos en un barco de piedras, frente al Báltico, saltando de alegría. Ese momento de respirar la vida, hasta el fondo.


Acaba julio pletórico de momentos a cámara lenta con música y letra de fondo.


Toca parar. Descansar. Dejar reposar las vivencias. Recolocar sentimientos. Tomar distancia y ver qué ocurre. Comprobar lo que permanece y distinguir lo que sólo era espejismo.


Y después curso nuevo. Siempre se acaba volviendo al colegio en septiembre. Con todo por estrenar. 




viernes, 30 de junio de 2017

JUNIO: LUZ DE VERANO INVENCIBLE


En lo más profundo del invierno finalmente aprendí 
que en mi interior habitaba un verano invencible. 
-A. Camus-

Hay una grieta en todo; sólo así entra la luz.
-Leonard Cohen-



Y, por fin, la luz de junio entre las grietas de 2017. Después del más oscuro de los inviernos, después del abril más cruel y doloroso, después del turbulento y desquiciado mayo, por fin el verano, ese estado de la mente y del ánimo que nos hace invencibles. Las comidas de domingo prolongadas hasta la madrugada, las risas con los amigos, encuentros y reencuentros, descubrimientos y redescubrimientos, sorpresas, ilusiones, taquicardia adolescente - otra vez, quién lo diría -, la vuelta al cole 25 años después - nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, por fortuna - y comprobar que todo, tarde o temprano, deja de doler; los proyectos de viaje para las vacaciones; la feria del libro con sus firmas, sus fiestas, sus groupismos, sus tormentas y sus calores, las presentaciones de libros, Jabois y Ray, y ese fin de feria bailando, bailando, en el Florida Park; cervezas, tintos de verano y gintonics en terrazas a pie de asfalto bajo la unánime noche madrileña; La SalaManca como segundo hogar, como punto de encuentro donde siempre se es bien recibido; mi propia terraza abierta como nunca a las charlas, a la música, a las canciones, a los atardeceres incendiados, a las madrugadas bajo las estrellas, a la complicidad, a las risas, al dejarse ser en amistad.

Por San Juan quemé unos cuantos nombres destinados a ser ya sólo cenizas del pasado. Incluí uno con el que tal vez me equivoque. Hubo otro que se resistía a arder, que no se borró del todo. Hay incertidumbres que sólo resuelve el tiempo.

Gracias, junio, te has portado bien. Trajiste un verano adelantado dentro y te vas inestable, con aire primaveral, tras haber cambiado el rumbo de un año que creí maldito para siempre.

Nunca imaginé que este verano fuera a ser uno de esos veranos que se repiten cada seis años, veranos inesperados y locos que lo vuelven todo del revés, veranos inolvidables y especiales, veranos para el recuerdo: 1998, 2004, 2010. Esta vez han pasado siete años: los que ha durado mi última vida. Número mágico. Y el tiempo que, según dicen, tarda un cuerpo en regenerarse por completo.


Ojalá sea presagio de buena fortuna. Ojalá que la felicidad vuelva a surgir de las grietas. Ojalá que esta luz de verano y vida se prolongue más allá de septiembre.