Creemos en la magia por la necesidad de la ilusión, nos aferramos a ella
como a una fe, sin querer ver que cada truco es un engaño, que ese embrujo ha
de ser fugaz porque en eso radica su eficacia: en que no dura. Cada número es
un visto y no visto. Así ha de ser para que no descubramos lo que hay detrás de
la placentera mentira que nos asombra y nos deslumbra. Una vez conocido el
truco, visto el as mal oculto en la manga, todo en lo que quisimos creer se
esfuma y la ingenuidad de nuestra mirada desaparece con la misma rapidez del
conejo que apareció en la chistera. Entonces todo deja de tener gracia alguna y
donde hubo magia ya no hay nada.
A todos los que os encontréis en tierra de nadie, bienvenidos al Área de Descanso.Un lugar ideado para parar, respirar hondo y tomar aliento para proseguir el viaje.Porque la vida sigue, a pesar de todo.
La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-
Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-
La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-
Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-
La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-
domingo, 4 de marzo de 2018
viernes, 17 de noviembre de 2017
DIECIOCHO
Y si quieren saber de mi pasado
es preciso decir otra mentira:
les diré que llegué de un mundo raro,
que no sé del dolor,
es preciso decir otra mentira:
les diré que llegué de un mundo raro,
que no sé del dolor,
que triunfé en el amor
y que nunca he llorado.
y que nunca he llorado.
Y van dieciocho, y yo sigo sintiéndome tan pequeña como
entonces, igual de perdida, sin alcanzar la mayoría de edad en tantas cosas,
por más años que pasen desde aquel último noviembre de los años 90. Creemos que
sabemos, que aprendemos, que maduramos, pero todo es mentira. Sólo
sobrevivimos, mentimos, nos engañamos. Y seguimos fracasando, llorando,
sufriendo. Volviendo a las canciones tristes que nunca pasan de moda, que ahora
como entonces siguen siendo espejo, desahogo, consuelo, placer culpable (como
si hubiese alguno que, en el fondo, no lo sea).
Dieciocho años después vuelve a ser tiempo de adioses, de
cambios de planes, de no conseguir zafarse de esa amiga mala suerte que se
empeña en perseguirnos mientras la buena fortuna nos es esquiva, de vagar por
la acera equivocada porque ninguna es buena en la calle del olvido.
Once meses de despedidas sucesivas. Algunas aún no puedo
nombrarlas. De otras a mi pesar supe, y no sé si esas verdades fueron carga o
liberación: no era mi nombre el que inventaban los hombres con quienes yo
soñaba o a quienes deseaba tener a mi lado.
Volví a ver a A., la nostalgia y la tristeza volvieron a
coincidir y después vino la nada. Sus recuerdos eran muy distintos de los míos,
y es el presente con su dosis de realidad el que al final se impone. Su sombra
y la mía cada una en una acera. Las cosas de la vida.
Ya no creo en películas rosadas, pero hasta esa clase de no
amor me ha fallado. Los que quiero querer acaban eligiendo a otra que no soy
yo. Se me olvida una y otra vez que nunca me elegirán, que quizá nunca me
quisieron. Que mientras yo escribo sobre ellos probablemente ya me hayan
olvidado. Que no habrá ocasión de gritarles un "déjame" porque no
tienen ningún interés en volver. No, decididamente la vida no es como en las
canciones. Y, en ocasiones, resulta aún más triste que las canciones tristes.
Sé que ir de loser no es sexy, muchos amigos me
abroncan por ello, pero me da igual. Una tiene que asumir lo que es. Encajar
los golpes de la vida. Cada uno lo hace a su manera, como sabe o puede. Esta es
la mía: la literatura, las canciones, los amigos, sin distinguir si son reales
o imaginarios. Para confortarnos cuentan tanto las personas que tenemos a
nuestro lado todos los días como los personajes de ficción o aquellos a quienes
no llegamos a conocer en persona pero cuyo arte nos salva, nos describe, nos
emociona y nos hace sentir vivos.
Gracias, Enrique, por tus canciones. Que me siguen
acompañando. Que nunca fallan. Que son mi vida.
Pd.- Esta canción la escuché por primera vez en la voz de Enrique Urquijo, en la versión de su disco con Los Problemas. Después he escuchado muchas otras, incluida la de Chavela Vargas. Pero esta sigue siendo mi favorita. Esa emoción del descubrimiento, en la voz de Enrique, permanece.
lunes, 31 de julio de 2017
DÍAS FELICES DE JULIO
Y en julio siguió la fiesta,
el verano en vena, las noches en amistad, las terrazas compartidas, luz de luna
y lumbre. La celebración de un cumpleaños que en realidad fueron dos. La
alegría en el aire, la risa cómplice, los planes improvisados, la locura, los
bailes torpes, los desequilibrios y los descalabros, el pandillismo
adolescente pero mucho mejor, el teléfono ardiendo de whatsapps, de
convocatorias en diferentes combinaciones de elementos. La novedad electrizante
de estar en conexión. Las canciones en los bares, en los salones, en el coche,
en los taxis, las ganas de cantar, de danzar descalzos, los momentos mágicos. Amigos
para siempre means you´ll always be my friend. Querer. Quererse. Querer quererse.
Querer estar. Pertenecer. Permanecer. Hablar. Escuchar. Sonreír. Sonreírse.
Mirar. Mirarse. Tener sueño. Tener sueños. Soñar. Soñarse.
Comida de
chicas alrededor de un arroz. Vino blanco y gintonics. Tarde de viernes y
calor, por fuera y por dentro. La piel ardiendo y el corazón colmado de
afectos, latente, latiendo. El futuro en los posos del café: toda encrucijada
es un camino que se abre y otro que se deja atrás. La imposibilidad de saber
cómo acertar. En qué. Con quién. Ensayo y error. Equivocarse es otra forma de
aprender y es imposible saber dónde conducirá un sendero que no se conoce hasta
que no se explora. Conviene andar el camino sin volver la cabeza y sin
agacharla demasiado. Tirar hacia adelante con la vista puesta en el
horizonte, aunque nos espere un precipicio. Y disfrutar del paisaje, mientras
se pueda.
Volver al ático que me salvó
el invierno, a esa terraza abierta al cielo del sábado, a las palabras, al
teatro, la imaginación volando y la cabeza también. Bebérselo todo: los licores
y la vida. No recordar los pasos hacia el Toni 2 pero acabar allí, sin pasado y
sin nostalgia de la última vez, brindando con extraños hasta el amanecer.
Regresar a casa de día como entonces: 1998, 2004, 2010, esa mágica secuencia de
veranos felices en Madrid.
Llenar la maleta roja otra
vez, un taxi de madrugada (como Amsterdam, como Praga), amanecer de aeropuerto,
un avión rumbo al norte. Ventanilla y todas las sensaciones del mundo dentro:
emociones que tapan otras, o que las sustituyen. La extrañeza de viajar sin J.
Frases susurradas al oído, como cantos de sirena ahuecando mi cabeza. Huidas a
otros abismos, que nos alejen de lo que nos mató, dejar atrás el corazón a la
vez cadáver y lugar del crimen, fingir que los asesinos nunca existieron.
Días felices de Malmö y
Copenhague. Vacaciones, buen rollo, planes apetecibles, acuerdos fáciles.
Espíritu hygge. Desayunos largos, conversaciones reconfortantes. Música, mar,
belleza, colores. Pasear las ciudades, demorarse en los museos, preferir las
tiendas a los parques de atracciones, atisbar las casas expuestas a las miradas
ajenas. Fotos y más fotos. Gifs en bucle. Los anocheceres de medianoche, la
fascinación por esa línea de luz bajo las nubes que nunca se apaga. Los lugares
abiertos, los paisajes infinitos. Solos en un barco de piedras, frente al
Báltico, saltando de alegría. Ese momento de respirar la vida, hasta el fondo.
Acaba julio pletórico de
momentos a cámara lenta con música y letra de fondo.
Toca parar. Descansar. Dejar
reposar las vivencias. Recolocar sentimientos. Tomar distancia y ver qué
ocurre. Comprobar lo que permanece y distinguir lo que sólo era espejismo.
Y después curso nuevo. Siempre se acaba volviendo al colegio en
septiembre. Con todo por estrenar.
viernes, 30 de junio de 2017
JUNIO: LUZ DE VERANO INVENCIBLE
En lo más profundo del invierno finalmente aprendí
que en mi interior habitaba un verano invencible.
-A. Camus-
Hay una grieta en todo; sólo así entra la luz.
-Leonard Cohen-
-Leonard Cohen-
Y, por fin, la luz de junio entre las grietas de 2017.
Después del más oscuro de los inviernos, después del abril más cruel y
doloroso, después del turbulento y desquiciado mayo, por fin el verano, ese
estado de la mente y del ánimo que nos hace invencibles. Las comidas de domingo prolongadas
hasta la madrugada, las risas con los amigos, encuentros y reencuentros,
descubrimientos y redescubrimientos, sorpresas, ilusiones, taquicardia
adolescente - otra vez, quién lo diría -, la vuelta al cole 25 años después -
nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, por fortuna - y comprobar que
todo, tarde o temprano, deja de doler; los proyectos de viaje para las
vacaciones; la feria del libro con sus firmas, sus fiestas, sus groupismos, sus
tormentas y sus calores, las presentaciones de libros, Jabois y Ray, y ese fin
de feria bailando, bailando, en el Florida Park; cervezas, tintos de verano y
gintonics en terrazas a pie de asfalto bajo la unánime noche madrileña; La SalaManca como segundo hogar, como punto de encuentro donde siempre se es bien
recibido; mi propia terraza abierta como nunca a las charlas, a la música, a
las canciones, a los atardeceres incendiados, a las madrugadas bajo las
estrellas, a la complicidad, a las risas, al dejarse ser en amistad.
Por San Juan quemé unos cuantos nombres destinados a ser ya
sólo cenizas del pasado. Incluí uno con el que tal vez me equivoque. Hubo otro
que se resistía a arder, que no se borró del todo. Hay incertidumbres que sólo
resuelve el tiempo.
Gracias, junio, te has portado bien. Trajiste un verano
adelantado dentro y te vas inestable, con aire primaveral, tras haber cambiado
el rumbo de un año que creí maldito para siempre.
Nunca imaginé que este verano fuera a ser uno de esos
veranos que se repiten cada seis años, veranos inesperados y locos que lo
vuelven todo del revés, veranos inolvidables y especiales, veranos para el
recuerdo: 1998, 2004, 2010. Esta vez han pasado siete años: los que ha durado
mi última vida. Número mágico. Y el tiempo que, según dicen, tarda un cuerpo en
regenerarse por completo.
Ojalá sea presagio de buena fortuna. Ojalá que la felicidad
vuelva a surgir de las grietas. Ojalá que esta luz de verano y vida se
prolongue más allá de septiembre.
domingo, 30 de abril de 2017
ABRIL: EN LUGAR SEGURO (Wallace Stegner)
El orden es, efectivamente, un
sueño del hombre, pero el caos, que no es más que otra palabra para referirse a
la suerte ciega, tonta y estúpida, sigue siendo la ley de la naturaleza.
Puedes hacer todos los planes que
quieras. Puedes estar tumbado en la cama por las mañanas y llenar cuadernos
enteros de proyectos e intenciones. Pero en una sola tarde, en cuestión de
horas o minutos, todo lo que planeas y todo lo que has luchado por hacer de ti
mismo puede quedar tan deshecho como una babosa a la que cubres de sal. Y hasta
en el preciso momento en que te estás disolviendo y convirtiendo en espuma,
puede que sigas creyendo que las cosas te van bien.
***
Los malvados y los infelices
siempre han robado el protagonismo del espectáculo, porque el pecado y el
sufrimiento han sido las experiencias humanas más universales. En rigor, el
héroe del Paraíso perdido era Cristo; pero en realidad lo era Satán. La
grandeza caída siempre fue más instructiva que la perfección desvaída.
***
- Tienes una idea equivocada de
lo que hacen los escritores. No entienden nada mejor que la otra gente. Sólo se
inventan tramas que sepan resolver. Hacen las preguntas que saben contestar. Lo
que ves en los libros no son personas, son artificios. Novelas o biografías, no
hay diferencia. Yo no puedo reproducir a Charity y Sid Lang, ni mucho menos
explicarlos; y si me los inventase estaría falsificando algo que no quiero
falsificar.
- Yo creía que la ficción era el
arte de crear la verdad con materiales falsos.
- Desde luego. Pero esto sería
hacer falsedades con materiales auténticos.
- Si tú no puedes hacerlo, ¿quién
va a poder?
- Tal vez no pueda nadie
(...)
¿Cómo hacer un libro que
cualquiera quiera leer a partir de unas vidas tan apacibles como estas? ¿Dónde
están las cosas de que se incautan los novelistas y esperan los lectores?
¿Dónde está la vida de lujos y despilfarros ostentosos, la violencia, el sexo
retorcido, los deseos de muerte? ¿Dónde están las infelicidades de barrio residencial,
las promiscuidades, los divorcios convulsos, el alcohol, las drogas, los fines
de semana perdidos? ¿Dónde los odios, las ambiciones políticas, la sed de
poder? ¿Dónde la velocidad, el ruido, la fealdad, todo lo que nos hace quienes
somos y nos hace reconocernos en la literatura?
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