La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

lunes, 13 de octubre de 2008

Tarde de sábado

Sábado 11 de octubre de 2008




Tarde felizmente extraña, la de este sábado.

En realidad, yo había bajado a la calle a comprar una lechuga. Habían anunciado alerta en Madrid por fuertes vientos. Yo, con mi ropa más vieja, con el pelo recogido, con un paraguas casi roto por si acaso llovía: el atuendo mínimo para bajar a la frutería del barrio y regresar rápidamente a casa, a cumplir por fin con ese montón de tareas pendientes que se acumulan en los cambios de temporada o cuando uno ha estado fuera un tiempo. La tarde estaba nublada, pero no fría. El viento templado, suave, casi agradable. En vez de girar en la esquina que me llevaba a la frutería he seguido andando, he subido la cuesta que desemboca en el Retiro, he enfilado Menéndez Pelayo y luego Narváez (que sigue de obras).

Se ha hecho de noche, pero la temperatura seguía siendo deliciosa. Como siempre que uno lleva el paraguas por precaución, no ha llovido. He entrado en una tienda de libros (que no librería, cerradas ya a esas horas de un sábado) en la que no he encontrado lo que buscaba. Mucha cola en la caja, ningún dependiente al que preguntar. Me acerco a la caja, le pregunto a una chica de la tienda por uno de los libros que busco, el más importante, el más urgente. Se extraña, pregunta a un compañero, me dice que aún no ha salido, que sale la semana que viene. Le indico que, según tengo entendido, ha salido esta semana. Me responde, despectiva: “Ya, anunciado en algún suplemento de esos cultural, ¿no?”. Me voy, un poco decepcionada. Por el libro y por el trato.

Salgo al cruce de Alcalá con Goya y me dejo arrastrar por la marea humana. Hora punta de compras. Evito El Corte Inglés. Y de pronto me acuerdo de que el antiguo cine Benlliure (sin duda el cine de mi infancia, el cine de las tardes de sábado y Navidad, el cine donde perdí cazadoras, gafas y abonos transporte) es ahora una especie de FNAC llamada ABAC. Entro y me alegro de que esté vacía. No necesito preguntar: veo el libro enseguida. La portada en blanco y negro, la mujer de otro tiempo con el pelo corto y rizado tapándole los ojos, la boca sensual y la cara levantada desafiando al sol, al viento. Le hago un corte de mangas mental a la pobre muchacha de la tienda amarilla y verde y, con la alegría del deber cumplido, con el objeto de deseo en mis manos, me doy una vuelta. El otro libro que estaba buscando – y que no vi en la tienda anterior – lo encuentro fácilmente (también sin preguntar) en el stand de novedades de narrativa extranjera. Es lo que tiene para los letraheridos entrar en una tienda de libros en una tarde ociosa y sin prisa. Que suele ser difícil no sucumbir. Otros dos tras cuya pista andaba me asaltan sin remedio. De uno no queda más que un ejemplar, así que lo cojo. El otro lo cojo porque también, por el autor y por el título.

70 euros en libros más bien extraños. Y yo feliz.

Para celebrar la templada y fructífera tarde, compro un helado de menta y chocolate en Alboraya y me vuelvo a casa andando, satisfecha e impaciente, con la boca fresca, masticando trocitos de chocolate y con un cargamento de pequeñas ilusiones (una más grande que las otras) en una bolsa.

Y sin la lechuga, claro.




Hermosas portadas para títulos sugerentes.

Así compro yo los libros...

15 comentarios:

cerillasGaribaldi dijo...

A mi, a veces, también me tira el nombre del autor: ¿cómo no comprar Lo Que Queda Por Vivir de John Updike?

Hablaremos de amor, pero voy lento, lento...

Besos, Ignacio

ETDN dijo...

Sí, yo también. Me está costando entrar...Echo de menos al Loriga de los artículos, incluso al del relato encadenado, pero sólo llevo 30 páginas...

Aunque ya hay algún párrafo subrayado, como este:

¿Y no son, con frecuencia, los primeros días del verano, los que cuelgan más promesas en el aire? Qué crueles pueden ser a veces los vientos más cálidos y las noches más claras

besos para ti también, Ignacio

Kika... dijo...

Me ha encantado este post. Yo también tuve una feliz tarde de sábado, cielo. El helado de Alboraya, mmmmm...

... y lo de las tiendas de libros no tiene perdón. En serio. Creo que dentro de poco, dado el trato que dan en muchas de ellas (las tiendas de libros, no las librerías, me ha encantado la distinción), venderán sus artículos en máquinas expendedoras...

besitos
K

El Viajero Solitario dijo...

Benditas las tardes de sábado en las que se regresa a casa sin lechuga y con cuatro ejemplares dispuestos a dejarse hacer la postura de la página vuelta.

De los cuatro autores que has traído bajo el brazo, sólo he leído a Cesare Pavese, inmenso.

Besos.

Enredada dijo...

Tu tarde de sábado fué fructífera!!! mirá los tesoros que tenés en casa ahora!
besos

Mi Chica dijo...

Me ha gustado tu tarde...paseando sin prisa y en busca de ilusiones.

Un beso ETDN

Marcelo dijo...

Muy bien!!! Al fin conseguiste el nuevo de Loriga. Después contanos qué tal está. Apenas salga acá abajo, corro a comprarlo. En cuanto a los otros brolis, no leí a ninguno, pero he comprado libros por recomendaciones, por comentarios y reseñas, por contratapas, y la verdad, lo que nunca falla, es comprarse el libro por la tapa!! Así que felicitaciones, muy buenas fotos, digo libros!!
Beso.
No maltrates a las empleadas!!! ni siquiera mentalmente, en especial si es un día en que todos descansan y ellas allí, encarceladas, preguntándose cómo puede haber gente que escriba libros y, lo peor, gente que los lea!!!!...jaja
Marcelo

Malena dijo...

Me has llevado de paseo por Madrid sin moverme del sillón. Ha sido un paseo muy agradable. :)

Gracias por tus palabras, Etdn, y por tu apoyo.

Mil besos.

María a rayas dijo...

jijiji...claro que importan las fotos de las portadas...y los títulos...y en mi caso la primera frase del libro. Si la primera frase del libro me sugiere entonces a la cesta...si no...ya puede ser bonita la portada...
(por supuesto hablo de libros que no ando buscando, que no conozco...)

un beso...

Microalgo dijo...

Ya ha visto Usted en Cádiz mi librería. Es pequeña, y me llaman allí por mi nombre. Eso es un lujo de ciudad pequeña (entre algunas de las maldiciones que las ciudades pequeñas tienen). En las ciudades grandes, esos lujos sólo se los puede permitir gente como Nán.

No he leído nada de Pavese. Ya me contará. Mi tarde de sábado fue más aburrida, desde luego. Y la suya, fructífera aunque no pisara la frutería. Se ha llevado Usted un buen cargamento a casa. Yo sigo ahora a mitad de uno de los que Usted me regaló y con el lento masticar de los cuentos de Nabokov en la mesilla de noche. Poco a poco.

Acotación: prefiero la mezcla del chocolate con la naranja a la de la menta y el chocolate, pero sobre gustos...

Hay a quien no le gustan las chuletas, fíjese.

¿Las croquetas, bien?

Rebesos.

LUISA M. dijo...

Yo también me hubiera vuelto sin la lechuga. Mucho mejor cenarse la lectura de alguno de esos libros que compraste ¡dónde va a parar!
Creo que hiciste un buen descubrimiento (la librería ABAC -o lo que sea-) y unas buenas compras. ¡Que te aproveche!
Un beso.

Fernando dijo...

eres deliciosa..besos.

Susana dijo...

Gracias por la cita y los consejos de ayer. Muchos besos.

Susana dijo...

Gracias por la cita y los consejos de ayer. Muchos besos.

memo dijo...

hola despues de mucho tiempo que no venia a este lugar de descanso, me disculpo por mi ausencia, me encanto este relato de una tarde trankila sencilla y como las cosas mas normales sin tanto planear son las que mas nos relajan nos limpian el espiritu, y pueden crear, sabes a tal punto fue mi curiosidad que me fui al google maps y visualice las calles por donde caminaste las eskinas donde doblaste la heladeria donde compraste tu helado, gran tarde grandes lineas, encnatado de leerte, ah uno de esos libros esta en mi mira, un abrazo sin tiempo