La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

domingo, 30 de marzo de 2008

Tuneo Sentimental 4.0

NO VA MÁS


Aquí, tanto tiempo después,
tan contigo y tan sin ti
insomne
somnolienta
perdida entre el debe y el haber
confusa de besos
fugitiva de promesas que no haremos
cautiva de lo que nunca será
vencida de deseo
o de ansia
ávida de noches por borrar.


Los abrazos saldrán caros.


Pero mientras
no pienses
déjate llevar
hasta el infinito
o
la
nada


El combate
es
a muerte
o
vida.



La suerte está echada.


Señores,

no

va

más.

jueves, 27 de marzo de 2008

jueves, 20 de marzo de 2008

La casa menguante



Un día la casa empezó a encoger. Al principio fue algo casi imperceptible, sólo se notó al cabo de unas cuantas semanas. Al mes ya resultaba palpable el cambio: las paredes se estrecharon, las estancias se achicaron, los techos perdieron altura, el suelo se encogió y los muebles chocaron unos contra otros, de manera totalmente involuntaria pero inevitable dada la creciente falta de espacio. Sin embargo, todo parecía querer mantenerse en su sitio, en una lucha permanente y por momentos infructuosa contra la metamorfosis que padecía la casa, incluso a su pesar.

Los chasquidos, crujidos y grietas eran sólo los síntomas externos de la batalla entre materiales y espacios. La madera se oscureció y la pintura perdió color, en un proceso paulatino e inevitable cuyo resultado fue la reducción de luz del conjunto. En poco tiempo todo se volvió más gris, más pequeño, hasta que el ambiente se hizo irrespirable. Paradójicamente, la estrechez física hizo más evidentes las distancias y el vacío acabó imponiéndose.

Es indudable que la transformación de la casa influyó en el divorcio de los inquilinos. Lo que no sabría decir a ciencia cierta es dónde o cómo empezó todo, ni quién contagió a quién.


martes, 18 de marzo de 2008

Dos en el ascensor


Un ascensor es un reducto demasiado pequeño, demasiado cerrado, incluso demasiado obvio para dar rienda suelta al deseo. No es un lugar propicio para un intercambio de pensamientos ocultos que van y vienen sin control, sin que haya manera de dominarlos, aunque se palpen. Por eso la tensión se impone, la respiración interior se acelera y surge la imperiosa necesidad de hacer un comentario impaciente sobre la gente que fuma en los ascensores. El tono denota cierta contrariedad, un punto de enojo y tal vez de impotencia. Descargar la frustración sobre los vecinos maleducados es una manera de disimular el nerviosismo propio, de evitar pensamientos inconvenientes, de ahuyentar las tentaciones. Segundos rojos. Alarma. Peligro. El frenazo al llegar al portal es casi un alivio, aunque las puertas interiores tardan demasiado en abrirse. Empujar la puerta con fuerza es la única manera de escapar, de ponerse a salvo, de poder volver a mirarse a la cara. No es el momento, no se dan las circunstancias adecuadas. Otra vez se ha salvado el escollo, con disimulo, con la corrección requerida, manteniendo las formas adecuadas, sin salirse del guión establecido. Otra difícil prueba aparentemente superada, aunque en ese ascensor, mezcladas con el humo del tabaco, hayan quedado suspendidas ciertas fantasías prohibidas, no declaradas, para siempre ocultas bajo comentarios intrascendentes...
***

Otras historias de ascensores:







La máquina de bebidas calientes está enfrente del ascensor, y es una especie de jaula de Skinner, pero en lugar de palancas y ratones, hay botones y las manejan los humanos, o eso dicen. Mi bebida preferida es la número 9, mocachino. Sin azúcar, o sea que conviene apretar antes al número 1 y después al 9. El caso es que al apretar el botón blanco, el ascensor descendió y la puerta permaneció abierta hasta que salió esa especie de café con chocolate. Casualidad pensé. Como buen seguidor de la máxima de santo Tomás, quise descartar esa opción del azar y me metí en el ascensor, aún sabiendo que el piso más alto es el número 7. Nada más entrar y antes que decidiera apretar algo, las puertas se cerraron, y la habitación oscilante subió hasta el noveno piso, dos por encima de la UCI la última, en definitiva, una planta que en realidad no existe. Cuando la puerta se volvió a abrir, salí a una especie de jardín botánico. En el fondo se veía una sombra en forma de fortificación que debía ser el castillo de Bellver y detrás de un árbol había un tío con una especie de extintor en el mano.
- Que tal...
- Ya ves, aquí de guardia
- Eres la primera visita que recibo en dos años
- ¿Quieres decir que no volveré a la planta baja?
- Despídete tío. Yo subí para apagar un incendio, y aquí me tienes




lunes, 17 de marzo de 2008

Lo mejor de mi




Directora: Roser Aguilar

Reparto: Marian Álvarez, Juan Sanz, Lluis Homar, Alberto Jiménez, Marieta Orozco, Carmen Machi, Pau Derqui .



http://www.lomejordemi.es/



“Lo mejor de mi es mi vida”, dice Raquel, la protagonista, al final de la peli.


Otras reflexiones:




Uno no elige a quien ama (¿o sí?) pero, sobre todo, no elige la forma en que ama, ni la manera de entender el amor. Eso es innato a la persona, al carácter.

Raquel decide donar la mitad de su hígado a Tomás porque esa es su forma de amar. No lo hace sólo por Tomás (que también), sino porque no concibe no hacerlo. Por eso sigue adelante. Ese sentimiento no es incompatible con la decisión que toma al final.

¿Qué se puede hacer cuando amas a alguien pero sabes que esa persona no va a hacerte feliz?

¿Qué ocurre cuando los sentimientos hacia una persona y lo que uno/a quiere para su propia vida entran en conflicto?