La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

domingo, 4 de octubre de 2015

PROMESAS DE OCTUBRE

Aún no es otoño en este octubre de proyectos y promesas, en este tiempo de verano prolongado. La oscuridad empieza a invadir las tardes cada vez más temprano, pero la temperatura sigue siendo razonablemente suave y esa tibieza nos mantiene relajados, como si nunca fuese a llegar el invierno.

El valor de una promesa reside en su capacidad para generar una ilusión que nos haga más llevadero el presente o para anticipar una emoción futura. Que se acabe cumpliendo o no debería ser lo de menos, por más que lo deseable es que así sea. Mientras dura la expectativa podemos permitirnos soñar. A veces uno se cansa de esperar y la promesa se vuelve mentira y decepción. Pero si lo esperado se lleva a cabo, hasta podemos darnos al exceso de ser felices.

Este octubre lleva la promesa de Nueva York en sus días. Un viaje prometido hace tiempo, anhelado y dilatado como deben serlo los grandes deseos; ganado y negociado como las gestas dignas de ser recordadas; programado con el detalle de las cosas importantes. Un viaje para cerrar un ciclo, para conjurar un miedo, para sellar un pacto.

Nueva York, 23 años después. Mi recuerdo de la ciudad está distorsionado por la inmadurez de mis 18 años, por la premura de un único fin de semana en una compañía poco adecuada y no elegida. Me acuerdo del calor - era julio -, de la bruma, de las compras - Ray-Ban, Swatch, Levi´s, una cazadora vaquera en GAP - ; de que subir a la Estatua de la Libertad me pareció un timo pero que pensé que podría quedarme contemplando el skyline eternamente; de comer en un McDonalds y en un italiano cutre y poco memorable de Little Italy; de la impresión que me causaba estar allí, bajo los edificios inabarcables de Manhattan; de lo que me gustó el Metropolitan y de la emoción de ver a los impresionistas de cerca; de un helado de proporciones inabarcables; de un atardecer rosado sobre Ellis Island.

Ganas de descubrir el Nueva York de mis 41, con unas cuantas ciudades, museos, helados y atardeceres más en mi mochila. El Nueva York de Holden Caulfield, claro, motivo de tantas cosas. El Nueva York de Harry y Sally, de Woody Allen, de Paul Auster, de Meryl Streep y Robert de Niro en "Enamorarse"; de Will, Mac, Don, Sloan, Charlie, Jim, Maggie y Neal; de  Rachel, Ross, Monica, Chandler, Joey y Phoebe; de Ted, Robin, Lily, Marshall y Barney. El Nueva York de después del 11-S que es, a la fuerza y para siempre, una ciudad distinta de la del siglo XX, mucho más que cualquier otra.

Cruzo los dedos para que haga sol, para que la luz avive los colores de los árboles otoñales de Central Park, el azul del Hudson y la Estatua de la Libertad, que el acero y el cristal destellen en lo alto. Pero quizá tampoco importe tanto si llueve. A fin de cuentas, Nueva York es también una ciudad en blanco y negro, un decorado grisáceo y sucio, un lugar en el que besarse bajo un paraguas, parar un taxi amarillo para no mojarse de vuelta a casa o verse reflejado en un charco de la Quinta Avenida.









2 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida ETDN:

No estoy de acuerdo. El valor de una promesa está en la persona que la otorga. La palabra de algunos, como los vendedores de crecepelo que son, pierde todo su valor en cuanto sale de su boca. Embaucar con el ardor y la pasión de la sonata, aprovecharse de aquellos que regalan la ilusión de obtener algo que, a la postre, será negado, no es más que un acto censurable que, más tarde o temprano, debería de acarrear algo más que justicia poética.

Octubre en Nueva York, un viaje largo tiempo esperado, fin de un ciclo y entiendo que la apertura de otro. Buena receta para el éxito. Me pregunto cuál será el pacto a sellar. En cualquier caso, le deseo el mejor final de ciclo y un próspero nuevo comienzo.

Disfrute del viaje, de esa ciudad tan familiar mil veces vista aún sin ser visitada. Disfrute de los puentes, de las luces, de la gente, de los museos y déjese llevar, sobre todo, si viaja en buena compañía.

Buen viaje, querida. Por aquí le esperamos a la vuelta.

Portorosa dijo...

Qué envidia...

Muchos besos.