La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

jueves, 6 de septiembre de 2012

DIARIO DE VERANO (IV)


Madrid, 2 de agosto de 2012



Luna llena, velas.

Escribo en la terraza.

Es como estar de vacaciones. Estoy de vacaciones en mi propia casa. Sentimiento extraño y feliz. ¿Cuánto durará esto? ¿De verdad puede durar? Perplejidad. Pedid y se os dará. Tan sencillo y tan complejo. El miedo y las dudas se disipan con los días. Pero nunca se sabe. Vivimos tiempos inciertos. Como la maldición china: Ojalá vivas tiempos interesantes.

Un llanto de mujer rompe esta paz. No existe el silencio en las noches de verano. No sé de dónde vienen los sollozos. Todas las persianas están bajadas, todas las luces apagadas. Las ventanas abiertas dejan escapar los secretos que todo hogar esconde. La mujer llora sin parar. Murmura algo, entre hipidos. Me parece oír una voz de hombre, muy queda, pero no estoy segura. Imposible imaginar qué causa tanto desconsuelo. Prefiero no hacerlo, todas las opciones son igual de tremendas.

Todo parece volver a la calma. Al rato, otra vez el llanto.

Pienso en la rareza de la vida. En que mientras yo escribo acerca de lo fácil que es a veces la felicidad a unos metros le es negada a una mujer que no para de llorar.

Me asomo al cielo de la noche y siento inquietud y extrañeza. Esta luna redonda y fluorescente, ese llanto. Incapaz de irme a dormir sigo aquí, atenta a los ruidos de la madrugada. El clic clic del teclado alivia y acompaña. Una de las velas se apaga, dejando un rastro de cera derramada y un olor tostado. Ignoro la oscuridad y sigo escribiendo, navegando. Internet no se apaga, ni descansa nunca. Como una luz siempre encendida que ofrece seguridad, aunque no siempre haya alguien al otro lado.



jueves, 30 de agosto de 2012

DIARIO DE VERANO (III)


Madrid, 1 de agosto de 2012

Cuando hace viento la terraza queda expuesta. Hay una especie de cortinas de tela de toldo, correderas. Pero con el aire se mueven mucho, hacen ruido, parece que vayan a salir volando; no merece la pena echarlas. Así que el edificio de enfrente queda a la vista. No es un edificio bonito. No es una casa nueva, pero tampoco demasiado antigua. Con los edificios me pasa como con las edades de la gente, no sé calcular. Años setenta, quizá. La mayoría de las terrazas están cubiertas.

Justo enfrente de mí vive un grupo de chicos. Tres o cuatro. Parecen estudiantes. Son extranjeros, no sé si todos, creo que hay algún español. No tienen ni cortinas ni nada. (Yo ahora tampoco, temporalmente, hasta que compre unas cortinas para el salón. Vestir una casa requiere tiempo, no conviene precipitarse). Veo su salón. Sé cuándo meriendan, cuándo cenan, cuándo hacen limpieza, cuándo no están en casa. Desde mi terraza veo su televisión. Suelen tener concursos o deportes. Ahora están viendo un partido de fútbol. Tienen un perro o un gato, he visto algo que se movía por el suelo, aunque desde aquí no lo distingo bien. Es verano, van sin camiseta. Me dan ganas de saludar, cuando yo estoy regando las plantas y ellos salen al balcón. Todavía no me he atrevido.

¿Me verán ellos? Creo que mi terraza está un poco más alta. Pero no lo sé. Quizá ellos también sepan cuándo como, cuántas cajas he deshecho ya, cómo voy cambiando los muebles, probando su ubicación más adecuada, cuándo tiendo la toalla de la piscina y el bañador. O quizá no. Quizá no me vean o simplemente no se fijen. Los demás, ese misterio.

En el piso de abajo de los estudiantes vive un anciano. Digo "vive" a la ligera. A veces dudo de si está vivo o se ha muerto sentado en su sillón, o silla, no lo distingo bien. No hace nada. No se mueve. Ve la tele, imagino. A veces una mujer se mueve por la habitación. Quizá una hija, o una cuidadora. No he llegado a verla del todo, hay una cortina echada. Sólo veo al anciano, pálido, en una camiseta de tirantes blanca de esas que llevan los viejos en verano. No es una visión agradable. Pero si miro enfrente, le veo. Siempre está ahí. Siempre que miro.



lunes, 27 de agosto de 2012

DIARIO DE VERANO (II)


Madrid, 31 de julio de 2012

Todos los días, sobre las diez, salgo a regar las plantas. Compré una regadera de plástico color pistacho, como aquella muchacha del cuento de Ray Loriga. No sé si es del tamaño adecuado, es la primera vez que compro una regadera. Nunca he tenido plantas. Estas plantas ni siquiera son mías. Ya estaban aquí cuando llegué. Tampoco sé si son plantas o flores o verduras o qué. No tengo ni idea de plantas. Estaban muy secas, llevaban semanas, quizá meses, sin que nadie las cuidara. Me he hecho cargo de ellas. Un rosal con tres tallos finitos y sin flores. Una maceta con bulbos que parecen cebollas. No sé si debo arrancarlas o qué. De momento las riego, a ver qué pasa. Otra maceta con una planta que desconozco. Se parece al tipo de vegetación que crece en el monte. Espliego, romero, algo así. En un tiesto otra planta indescriptible. Parecen coles de Bruselas, pero son flores.

Todos los días, sobre las diez, las riego. Cuando ya se ha puesto el sol y empieza a anochecer, como me dijo J. Le hago caso. Obedezco dócil y cumplo mi misión.

No tengo ni idea de plantas.

Pero todos los días, sobre las diez, salgo a regarlas. A veces echo en la tierra los posos del café.

Lo que pase es un misterio. No sé si revivirán o no. Tal vez estén muertas. Pero eso es lo de menos.

Lo importante es salir a regarlas todos los días, sobre las diez. 

viernes, 3 de agosto de 2012

DIARIO DE VERANO (I)



Madrid, 25 de julio de 2012

Voluntad de azul, de orden.

Desempaqueto cajas de libros en esta casa que se me antoja azul aunque tampoco lo sea tanto.

La luz, tan limpia, de la mañana. La quietud de las horas tempranas del verano. El cielo abierto, tan azul. El desayuno al aire fresco de la terraza.

La nueva vida. El escenario por descubrir.

Un libro de portada azul en esta habitación azul. "Todo", dice.

Leer con luz natural. La ventana abierta. La facilidad para respirar.

La felicidad es esto, a ratos.

La sostengo entre mis manos. Y es azul.


domingo, 1 de julio de 2012

TIEMPO DE MUDANZA

A veces la existencia 
no es más
 que la acumulación 
 de hogares por habitar.


  Del poemario inédito Piel de Mudanza













Cada siete años nuestras células se regeneran por completo. Nuestro cuerpo ya no es el mismo, aunque lo parezca. Somos otros. El cambio es imperceptible, pero cierto. Inexorable e inevitable. Implacable.

Siete años y un mes. Suena a condena, aunque nada más lejos de eso. Una casa puede ser una cárcel, un infierno, pero también un refugio, un paraíso. Un sitio al que huir y del que huir. Un sitio del que salir y al que regresar. Todo eso, a ratos.

Siete años dan para mucho. Puedo decir: he vivido. He reído, he llorado, he amado, he sufrido, he reído, me he aburrido, desesperado, enfadado, dormido, despertado, soñado. Como todos. He sido feliz e infeliz. Balance perfecto y necesario.

"Los lugares son sólo lo que ponemos en ellos", escribí una vez. Es cierto, pero algo de nosotros queda en los lugares que habitamos.

Tengo recuerdos pegados a estas paredes para siempre. Aunque esta casa desaparezca, aunque esas personas ya no estén en mi vida, ellos habitaron esos momentos, en este lugar que dentro de unas horas ya no volverá a ser mío salvo en el territorio mentiroso de la memoria.

Aquí se gestaron "Los patos de Central Park", "Piel de Mudanza", este blog, los relatos del Bremen. Aquí hice y perdí amigos, amantes, parejas.

No hay lugar para el dolor ni la nostalgia. Yo he decidido abandonar este espacio. No sé si he pensado bien los motivos, si la decisión ha sido precipitada. Cada impulso obedece a una razón, aunque no siempre se nos desvele. Y quizá esta atmósfera empezaba a hacerse tóxica. Quizá mis células necesitaban un aire nuevo, más oxígeno, otro lugar en el que crecer, en el que seguir cambiando.

Echaré de menos los atardeceres, los desayunos viendo amanecer, el árbol transformándose con las estaciones. A cambio de las vistas tendré una terraza, menos armarios, diez minutos más hasta el metro o el autobús. Menos calor en verano, una piscina. Más amigos en casa. Un sofá cómodo. Una cama que no hará ruido.








Me apetece e ilusiona el traslado. A pesar del cansancio, de las dudas, de la incertidumbre. Cambiar los muebles y la mente. Desplazarme para volver a ubicarme en un sitio nuevo, como si empezara desde cero. El camino recorrido es ventaja, siempre. Sigo en el mismo barrio, cerca de los míos y de ese Retiro que tanto amo. Viviré en la misma calle de mi primer colegio. Volver a la raíz, para echar a volar desde un ático.

Un nuevo escenario para escribir, para amar, para reír, para llorar, para ser feliz e infeliz. El vértigo de las pequeñas ilusiones. No estancarse, ni tener miedo a los cambios. Vivir, aprender.

Qué lejos queda 2005. Qué extraño está resultando 2012.

Qué distinto va a ser este verano de planes cambiantes, de amigos y playas del sur, de lujurias y azoteas.

Estoy de mudanza y después de vacaciones.

En Septiembre, ya veremos.




Los amaneceres














 Los atardeceres












El cielo y la luna 







Las nubes



 




La nieve





El arco iris 






El árbol