La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

domingo, 7 de octubre de 2012

DIARIO DE VERANO (X)

Denia, 17 de agosto de 2012

Hoy se ha ahogado un chico en la playa. Muy joven, veintipocos años. Salía del agua y se ha desplomado. Eso nos han contado. Como todos los días, hemos ido a pasear por la playa. Es una playa larga, unos tres kilómetros de ida y la correspondiente vuelta. Una hora de camino, más o menos, con alguna parada para un chapuzón rápido, unas brazadas. Hemos dejado las sillas donde siempre y al volver hemos encontrado el revuelo: corrillos de gente y una ambulancia del SAMUR que se lo llevaba. Nuestros vecinos han sido testigos de todo, han ayudado a sacarlo del agua y han llamado al 112. Nadie hablaba de otra cosa. 

 La paz de una mañana de playa en agosto súbitamente alterada.

 Dicen que lo han estado reanimando más de media hora y nada. Que estaba muy pálido. Que si un corte de digestión. Que si un infarto. Que se ha mareado y se ha quedado quieto en el agua. Los niños lo contaban a gritos, excitados e impresionados, un poco asustados, quitándose las palabras los unos a los otros. 

Un chico ha muerto a pocos metros de nuestro lugar habitual del baño y nosotras ni nos hemos enterado. Por la tarde la playa había vuelto a la normalidad, como todos los días, como otra tarde cualquiera. La gente bañándose como si nada. La vida, al final, se impone a la muerte, por más que ésta sea implacable. Pero la obligación de los vivos es ignorarla y seguir viviendo.

 Este episodio me ha recordado esa famosa anotación en el diario de Kafka, el 2 de agosto de 1914: "Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar"

 Yo también he ido a nadar hoy. He nadado por la tarde y posiblemente estaba nadando cuando ese chico ha muerto. En el lugar acertado, imagino.



jueves, 27 de septiembre de 2012

DIARIO DE VERANO (IX)



Denia, 15 de agosto de 2012


Esta terraza por las noches y los libros pendientes que me he traído. Libros de amigos, de personas que conozco. "Nadar en agua helada", de Recaredo Veredas; "Huésped", de Roberto Terán; "Siberia", de Juan Soto Ivars. Poesía en vena, aunque "Siberia" sea una novela. Libros tristes, amargos, bellos y desesperanzados; gritos en el papel, al lector, al vacío.

Sus letras me abren otra dimensión de ellos. Detrás de esos rostros, de esas voces conocidas hay vidas donde late el pasado, el dolor, los errores, las cuentas pendientes y las futuras. He compartido conversaciones, risas, fiestas con ellos, ignorándolo todo de sus vidas. Y de pronto tanta intimidad expuesta, tanta intemperie. Es literatura, claro. Pero el tamiz de la poesía no enmascara la profundidad del sentimiento. Quién lo diría.

Cuánto ignoramos, siempre, de los demás. Y de nosotros mismos. 









lunes, 24 de septiembre de 2012

DIARIO DE VERANO (VIII)

Denia, 12 de agosto de 2012




Los gatos ya no están. La madre debe de habérselos llevado a otro sitio. La naturaleza y sus misterios. Los animales y los suyos. Los humanos tratando de buscar explicación u origen a todo.

No son lo mismo los domingos de verano sin el artículo de Ray Loriga en El País Semanal. 

El desayuno alargado, la emoción y la impaciencia ante el nuevo descubrimiento, el posible hallazgo entre las letras del escritor admirado, la lectura entre líneas. 

Le echo de menos como a los amigos que desaparecieron en algún lugar del tiempo cuando nos hicimos mayores, como a los antiguos amores de los que ya no tenemos noticias. 

Tengo esa triste sensación de lejanía, de pérdida. Ray aparece en mis sueños de vez en cuando y le echo de menos en mi vida con la melancolía del que añora cosas que nunca ha tenido. 



viernes, 21 de septiembre de 2012

DIARIO DE VERANO (VII)


Denia, 11 de agosto de 2012


Hoy hemos descubierto tres mininos en el jardín, recién nacidos, acurrucados entre la pared y el aparato de aire acondicionado, un lugar casi inaccesible. Están dormidos, apenas pueden o saben abrir los ojos.

Están justo debajo de mi ventana. Anoche los oí llorar. Maúllan de hambre o quizá ensayan su voz recién descubierta.

Dan ganas de alimentarlos, de darles agua o leche. Mi madre no los quiere aquí, pero echarlos sería cruel. Son muy pequeños. Dice que va a llamar al jardinero para que se los lleve.

Al atardecer una lengua de fuego barrió el aire. Un calor seco y asfixiante, de golpe, como de desierto o de infierno.

La esperada lluvia de estrellas de hoy ha sido inexistente. Hemos ido hasta el final de la playa, donde ya no hay luces, para verlas mejor. Las nubes en el cielo lo han borrado todo.

 Ni una estrella fugaz.

 No pronuncio ningún deseo.


viernes, 14 de septiembre de 2012

DIARIO DE VERANO (VI)


Denia, 10 de agosto de 2012

La brisa en la terraza. Las lecturas atrasadas. La paz alterada por los niños que gritan, que corren; por los adolescentes que ríen a gritos; por los gemidos de una muchacha (¿o es una mujer?) que no se sabe si son de angustia o de placer. Es ambigua la melodía del orgasmo.

Un gato (¿o es una gata?) se pasea ufano por el jardín y mi madre lo espanta a manguerazos.

Una cría de salamandra (¿o es una lagartija?) se ha instalado entre la pared y el techo de la terraza. Ha elegido esa sombra, aunque ya es medianoche. Es tan chiquitita, tan mona. Le hago una foto con flash y ni se inmuta, como si estuviera acostumbrada a que la fotografíen, como si no le sorprendieran en absoluto las extrañas conductas de los humanos ni le molestaran las luces intempestivas. Pensaba que saldría corriendo, pero no. Se queda ahí, muy quieta, un buen rato.

He seguido leyendo y cuando he vuelto a mirar ya no estaba.

Humanos y animales. ¿Quién debe temer a quién?