La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-
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lunes, 2 de marzo de 2020

MEMORIAS DE 2019.MARZO


(Resistí. Me reconstruí. Me reinventé. Renací. Mi nueva vida empezó el 1 de marzo de 2019. Y empezó así)

MARZO

Celebro mi primer día de trabajo diurno comiendo en un italiano, yo sola, y me siento casi adulta. Café y copas con L., C. y J. en una terraza hasta el anochecer, cena improvisada y vuelta a casa 16 horas después rendida y feliz.  Poder hacer esto un viernes es un lujo que casi ni me creo.

***

Disfruto del primer sábado libre de mi nueva vida recién estrenada. La primavera se ha instalado en Madrid y Ray Loriga presenta novela en Tipos Infames. La presentación está bien, brindo conmigo misma con botella de cerveza decorada con dibujos de San Patricio y me voy sin saludarle y sin que me firme el libro. Prefiero pasear por Malasaña, empaparme de sol y del bullicio de la ciudad, sentir que hay vida los sábados y que yo participo del espectáculo.




Bajo por Espíritu Santo. Durante un tiempo, con 15 años de retraso, estas calles me pertenecieron. Ahora, 10 años después, vuelvo a no reconocerlas. Paso por La Pródiga: de día casi no duele. Me resulta más extraño que La Tetería de la Abuela haya cambiado el nombre, que La Buena ya no exista, que La Independiente durara tan poco. El paisaje ha cambiado y tal vez yo también. O quizá no, quizá sea ese el problema: todo cambia y nosotros no. Nos resistimos a las transformaciones, que no siempre nos hacen más sabios, sólo más viejos.

Cruzo San Bernardo y bajo por Noviciado, hasta el Palacete, otra punzada que trato de ignorar y sentir a partes iguales, vacunándome contra un pasado feliz. No hago caso de los consejos y vuelvo a esos lugares, como si recordar quién fui allí diera algo de plenitud a mi vida, tan vacía ya de casi todo.

Aperitivo con L. y con su padre en El Cangrejero, que a pesar de tener fama de tirar unas de las mejores cañas de Madrid sigue sin convencerme. Caminamos por la plaza de las Comendadoras, cruzamos Dos de Mayo conversando sobre la última de Landero,  tomamos el vermú en Casa Camacho. A la salida una chica  de dulce acento latinoamericano nos pide que le hagamos una foto con su amiga. Es una polaroid y la foto sale impresa al instante, como hace mucho, mucho tiempo. Nos ofrece hacernos una, pero le queda poco papel y sólo nos da una copia. Un momento inesperado inmortalizado para siempre en soporte material. Eso que antes llamábamos fotografías y elegíamos con cuidado porque los carretes eran finitos y el revelado no era barato. La facilidad con que ahora hacemos fotos y las almacenamos en móviles, ordenadores y en eso que se hace llamar 'la nube' (¿hay algo más volátil y efímero que una nube?) para quizá no volverlas a ver nunca más pasada la euforia del momento o del repaso para subirlas a alguna red social hace que pierdan su valor. No se aprecia lo que se tiene fácil o gratis. La cantidad camufla la calidad, la abundancia resta valor a lo que debería ser único.



Comemos en la creperie de San Vicente Ferrer, tratamos de tomar un café que no nos sirven en la plaza de Olavide, acabamos en el sitio de siempre de Álvarez de Castro. L. se recoge pronto con no sé qué excusa y a mí no me apetece irme ya a casa. Me compro una camisa vaquera en el Zara de Fuencarral, vuelvo andando y de buen humor, hago fotos nocturnas, estoy agotada y satisfecha, siento que he aprovechado el sábado.

***

La alegría continúa durante toda la semana. El lunes quedo con mi madre a comer, sin la angustia de tener que ir a trabajar después. El martes al salir del trabajo me tomo un pincho de tortilla en Casa Manolo de Princesa, bajo hasta Plaza de España, subo Gran Vía y decido quedarme a comer un bocadillo con vistas a Callao que me sabe a gloria. Trato de grabar estos momentos para no olvidar la sensación de libertad, para no acostumbrarme demasiado pronto, para que cuando se vuelvan rutina no deje de apreciarlos. Porque pienso que este estado de euforia es pasajero, que este subidón bajará tarde o temprano, que dentro de un tiempo empezaré a quejarme de madrugar o de ir en metro. Y cuando eso pase quiero recordar esta felicidad, esta plenitud, esta liberación.


                                              


Hace un marzo que parece junio y he recuperado una energía que la oscuridad de los últimos años había sepultado. Saco ropa de verano, preparo la terraza para empezar a habitarla, Tomar café al sol entre semana es para mí una novedad, un regalo que aún no asimilo del todo.

 Alguien pregunta en un chat "¿Nos vamos a Londres esta Semana Santa?" y digo sí. La posibilidad de viajar no surge a menudo y yo no quiero perderme nada. Lo planteo en el trabajo y no hay ningún problema. La vida llama a vida.

Ahora puedo improvisar planes que llevan a otros. Café de viernes con L. en Olavide del que surge un reencuentro con V. y una cena de sábado con gente nueva.

Sábado veraniego que decido aprovechar. Me acerco a Chueca a la charla de Sol Aguirre sobre Nueva York y descubro la maravillosa librería que es Amapolas en Octubre y a su dueña Laura. Un sitio al que volver mil veces, a mil cosas. Me paso por el outlet de Salvador Bachiller y me compro una bolsa de viaje para Londres. Vuelvo a casa a comer atravesando un Paseo del Prado tomado por independentistas catalanes que vienen a manifestarse a Madrid. Incomprensible y extraño, un espectáculo digno de ver, que estoy viendo, que puedo ver. 



Como, tomo el sol y me preparo para ir de cena. Es increíble lo que puede cundir un sábado. Lo había olvidado. Al igual que el arreglarme para salir un sábado fuera del barrio, de La Sala Manca o de alguna casa. Arreglarse para salir, ese concepto perdido en la sucesión de sábados malgastados de los últimos años. Estoy tan contenta que hasta cojo el metro para llegar puntual.

Con V. es como si no hubiera pasado el tiempo. Disfruto de conocer más a C. y a P. Noche distinta, agradable. De nuevo la vida más allá de círculos cerrados.
Domingo de resaca. Me llama N. para comer y no puedo con mi alma pero voy. He decidido no perderme nada de lo que pueda surgir.

***

Lunes 18. Comida con mis padres, celebración adelantada del Día del Padre; caminata atravesando el Retiro hasta Casa de América. Presentación del libro de Pedro Mairal. Llego pronto y buscando el aseo me parece verlo en una de las salas contiguas a la de la presentación. Está solo, mirando por la ventana al jardín. Me tienta la idea de acercarme y decirle algo, pero no me atrevo por si interrumpo algún momento de intimidad ritual o algo parecido antes de la presentación. Fabulosa charla. Él es ameno y cercano, el editor de Libros del Asteroide también. He ido todo el día cargada con sus dos libros anteriores, más el que acabo de comprar, y me da vergüenza que me los firme todos. Se lo cuento, bromeamos, le confieso también la escena anterior y me dice que simplemente estaba esperando al editor. Las películas mentales que nos hacemos a veces condicionan nuestra manera de actuar de una manera absurda. La dedicatoria que me escribe hace referencia a eso.
Estoy cansada y se ha levantado frío en Madrid, pero he pasado tan buen rato que quiero prolongar el día y quedo con L. a tomar una caña en La Fábrica de Génova. Es un sitio bonito. Disfruto de la espera, de la cerveza, de la charla con L., de poder hacer estas cosas un lunes.





No sigo rutinas y cada día es distinto. Paseo Madrid, busco calzado cómodo para Londres, compro ropa. Me cunde la vida.




Participo en lo que antes era ajeno. Organizamos la despedida de E., cuya jubilación ha sido una bendición para mí. Me gusta formar parte, relacionarme con gente distinta. Disfruto de cosas que he despreciado durante veinte años. Terminamos a media tarde y quiero prolongar el día. Me voy andando a casa desde Diego de León. Cae la noche y al cruzar doctor Castelo asoma una luna enorme y amarilla, plena y redonda. Disfruto del espectáculo, me tomo una caña yo sola en Martín, porque me apetece y punto. Quiero beberme el tiempo ahora que vuelvo a tener esa sed.





domingo, 15 de abril de 2018

44



Resistir. Reconstruir. Reinventarse. Renacer.


Atravesé los meses a ciegas, hasta este ahora, tan incierto.

Grité mi dolor, perdí mi voz, se me retorció el cuerpo en una primavera cruel.

Quise creer, fui feliz durante un verano de alegría inesperada.

Traté de negar la llegada del otoño, los días oscuros, los árboles desnudos.

Con el frío estallaron todos los espejismos, todas las mentiras.

Aún dura el invierno.

Pero al mirar mis manos vacías no pienso ya en lo que no pudieron retener, sino en cómo volver a llenarlas. Cómo hacerlas útiles de nuevo.


Renacer. Reinventarse. Reconstruir. Resistir.




(Un resumen exacto de todo. Estallidos, añicos, cristales rotos, símbolos destruidos, devastación. Aniquilarlo todo y empezar de cero. Seguir en la lucha. No dejarse vencer. Dejar un año atrás y encarar otro, esperando lo mejor. Sabiendo que siempre llega el verano)

domingo, 4 de marzo de 2018

TRUCOS



Creemos en la magia por la necesidad de la ilusión, nos aferramos a ella como a una fe, sin querer ver que cada truco es un engaño, que ese embrujo ha de ser fugaz porque en eso radica su eficacia: en que no dura. Cada número es un visto y no visto. Así ha de ser para que no descubramos lo que hay detrás de la placentera mentira que nos asombra y nos deslumbra. Una vez conocido el truco, visto el as mal oculto en la manga, todo en lo que quisimos creer se esfuma y la ingenuidad de nuestra mirada desaparece con la misma rapidez del conejo que apareció en la chistera. Entonces todo deja de tener gracia alguna y donde hubo magia ya no hay nada. 



lunes, 31 de julio de 2017

DÍAS FELICES DE JULIO



Y en julio siguió la fiesta, el verano en vena, las noches en amistad, las terrazas compartidas, luz de luna y lumbre. La celebración de un cumpleaños que en realidad fueron dos. La alegría en el aire, la risa cómplice, los planes improvisados, la locura, los bailes torpes, los desequilibrios y los descalabros, el pandillismo adolescente pero mucho mejor, el teléfono ardiendo de whatsapps, de convocatorias en diferentes combinaciones de elementos. La novedad electrizante de estar en conexión. Las canciones en los bares, en los salones, en el coche, en los taxis, las ganas de cantar, de danzar descalzos, los momentos mágicos. Amigos para siempre means you´ll always be my friend. Querer. Quererse. Querer quererse. Querer estar. Pertenecer. Permanecer. Hablar. Escuchar. Sonreír. Sonreírse. Mirar. Mirarse. Tener sueño. Tener sueños. Soñar. Soñarse.


Comida de chicas alrededor de un arroz. Vino blanco y gintonics. Tarde de viernes y calor, por fuera y por dentro. La piel ardiendo y el corazón colmado de afectos, latente, latiendo. El futuro en los posos del café: toda encrucijada es un camino que se abre y otro que se deja atrás. La imposibilidad de saber cómo acertar. En qué. Con quién. Ensayo y error. Equivocarse es otra forma de aprender y es imposible saber dónde conducirá un sendero que no se conoce hasta que no se explora. Conviene andar el camino sin volver la cabeza y sin agacharla demasiado. Tirar  hacia adelante con la vista puesta en el horizonte, aunque nos espere un precipicio. Y disfrutar del paisaje, mientras se pueda.


Volver al ático que me salvó el invierno, a esa terraza abierta al cielo del sábado, a las palabras, al teatro, la imaginación volando y la cabeza también. Bebérselo todo: los licores y la vida. No recordar los pasos hacia el Toni 2 pero acabar allí, sin pasado y sin nostalgia de la última vez, brindando con extraños hasta el amanecer. Regresar a casa de día como entonces: 1998, 2004, 2010, esa mágica secuencia de veranos felices en Madrid.


Llenar la maleta roja otra vez, un taxi de madrugada (como Amsterdam, como Praga), amanecer de aeropuerto, un avión rumbo al norte. Ventanilla y todas las sensaciones del mundo dentro: emociones que tapan otras, o que las sustituyen. La extrañeza de viajar sin J. Frases susurradas al oído, como cantos de sirena ahuecando mi cabeza. Huidas a otros abismos, que nos alejen de lo que nos mató, dejar atrás el corazón a la vez cadáver y lugar del crimen, fingir que los asesinos nunca existieron.


Días felices de Malmö y Copenhague. Vacaciones, buen rollo, planes apetecibles, acuerdos fáciles. Espíritu hygge. Desayunos largos, conversaciones reconfortantes. Música, mar, belleza, colores. Pasear las ciudades, demorarse en los museos, preferir las tiendas a los parques de atracciones, atisbar las casas expuestas a las miradas ajenas. Fotos y más fotos. Gifs en bucle. Los anocheceres de medianoche, la fascinación por esa línea de luz bajo las nubes que nunca se apaga. Los lugares abiertos, los paisajes infinitos. Solos en un barco de piedras, frente al Báltico, saltando de alegría. Ese momento de respirar la vida, hasta el fondo.


Acaba julio pletórico de momentos a cámara lenta con música y letra de fondo.


Toca parar. Descansar. Dejar reposar las vivencias. Recolocar sentimientos. Tomar distancia y ver qué ocurre. Comprobar lo que permanece y distinguir lo que sólo era espejismo.


Y después curso nuevo. Siempre se acaba volviendo al colegio en septiembre. Con todo por estrenar. 




viernes, 30 de junio de 2017

JUNIO: LUZ DE VERANO INVENCIBLE


En lo más profundo del invierno finalmente aprendí 
que en mi interior habitaba un verano invencible. 
-A. Camus-

Hay una grieta en todo; sólo así entra la luz.
-Leonard Cohen-



Y, por fin, la luz de junio entre las grietas de 2017. Después del más oscuro de los inviernos, después del abril más cruel y doloroso, después del turbulento y desquiciado mayo, por fin el verano, ese estado de la mente y del ánimo que nos hace invencibles. Las comidas de domingo prolongadas hasta la madrugada, las risas con los amigos, encuentros y reencuentros, descubrimientos y redescubrimientos, sorpresas, ilusiones, taquicardia adolescente - otra vez, quién lo diría -, la vuelta al cole 25 años después - nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, por fortuna - y comprobar que todo, tarde o temprano, deja de doler; los proyectos de viaje para las vacaciones; la feria del libro con sus firmas, sus fiestas, sus groupismos, sus tormentas y sus calores, las presentaciones de libros, Jabois y Ray, y ese fin de feria bailando, bailando, en el Florida Park; cervezas, tintos de verano y gintonics en terrazas a pie de asfalto bajo la unánime noche madrileña; La SalaManca como segundo hogar, como punto de encuentro donde siempre se es bien recibido; mi propia terraza abierta como nunca a las charlas, a la música, a las canciones, a los atardeceres incendiados, a las madrugadas bajo las estrellas, a la complicidad, a las risas, al dejarse ser en amistad.

Por San Juan quemé unos cuantos nombres destinados a ser ya sólo cenizas del pasado. Incluí uno con el que tal vez me equivoque. Hubo otro que se resistía a arder, que no se borró del todo. Hay incertidumbres que sólo resuelve el tiempo.

Gracias, junio, te has portado bien. Trajiste un verano adelantado dentro y te vas inestable, con aire primaveral, tras haber cambiado el rumbo de un año que creí maldito para siempre.

Nunca imaginé que este verano fuera a ser uno de esos veranos que se repiten cada seis años, veranos inesperados y locos que lo vuelven todo del revés, veranos inolvidables y especiales, veranos para el recuerdo: 1998, 2004, 2010. Esta vez han pasado siete años: los que ha durado mi última vida. Número mágico. Y el tiempo que, según dicen, tarda un cuerpo en regenerarse por completo.


Ojalá sea presagio de buena fortuna. Ojalá que la felicidad vuelva a surgir de las grietas. Ojalá que esta luz de verano y vida se prolongue más allá de septiembre. 


sábado, 15 de abril de 2017

43


A veces no toca felicidad. Y no pasa nada por decirlo. Todas las emociones cuentan. También el dolor y la tristeza.

A veces la vida decide darte bofetadas. Sin esperarlo. Sin que sepas por qué. Sin que haya nada que puedas hacer.

Justo cuando pensaba que había alcanzado cierta madurez, cierto equilibrio, cierta estabilidad, cierta experiencia, cierto conocimiento (de lo que soy, de lo que quiero, de lo que necesito), la vida me pone del revés.

Y no entiendo nada.

Lo he malinterpretado TODO.

No sé qué lección debo aprender de esto.

La felicidad ajena a costa de la mía.

Hoy cumplo 43.

Y ya no sé qué soy. Quién soy.

Sólo sé que toca tristeza.


Y que cada vez entiendo menos.  


viernes, 31 de marzo de 2017

MARZO: PISCINAS VACÍAS (Laura Ferrero)


Not morning yet.
I just want to talk to you.
Why does love happen?
So then I grew old and died and wrote this.
Be carefuk, it´s worldsharp.
- Anne Carson -


"Acabé mis carreras, empecé la tesis, viajé. Vi lo peor y lo mejor. Acumulé experiencias, porque de niña me enseñaron que en la vida hay que hacer de todo. Me convertí en muchas personas distintas y viví en puntos opuestos del mundo. Tomé buenas decisiones, muy malas también. Incluso hay algunas que aún no he tomado. Entendí que la mayoría de nosotros acabaríamos convirtiéndonos en equilibristas que habitan las lindes de lo escarpado. El abismo estaba siempre ahí. No me malentiendas, no es una metáfora. Los años te hacen entender que hace falta muy poco para echarlo todo a perder.

Durante ese tiempo leí mucho. Comprendí algunas de las cosas de las que hablaban los libros. Las otras las busqué en personas que, a menudo, fueron las equivocadas. No te creas, Sofía que esto de acertar en la vida es fácil. Pero sobre todo me quedé con una cosa: cada vez hay más piedras en esa mochila que todos llevamos. Peso: esa es la palabra".

- Sofía -



"Esta es mi vida. No sé si lo cobarde sería irse o quedarse.

Me da la sensación de que te he buscado mucho tiempo en los nombres equivocados de las cosas".

- El Serengueti -



"Pero uno no escoge su propia memoria. Solo es verdadera la primera imagen del recuerdo, a partir de entonces cada vez que volvemos atrás es para deformar esa primera instantánea.
No podemos estar seguros de que nuestra visión del pasado sea verdadera. De lo que sí tenemos certeza es de que cada vez nos alejamos más de él.
Conocemos recordando, decía Platón, al revés de Borges, para quien el recuerdo consiste en irse alejando de la realidad.
Qué poco duraderas son esas imágenes de la memoria, y con qué facilidad las sometemos a esa mutación involuntaria que las hace apartarse de lo que era en un principio. Son fugaces."

- El rastro de los caracoles -




"Cuando se terminaron los días felices, cuando ya no hubo más cruces que marcar en el calendario, me dije que era mejor encerrar esos días a cal y canto en el cajón de las cosas que no sabemos dónde guardar. Mi abuela, que no soportaba los trastos, me repitió cientos de veces que cuando algo se rompía había que tirarlo. Y me hizo prometer que dejaría de esconder cosas.

Después de aquel enero falté a mi promesa de infancia. Pero estoy seguro de que mi abuela, que ya no está aquí, entenderá que no haya podido tirar esos días rotos.(...)

Mi apego a los escondites del salón, a los cajones, a los rincones, a los fondos de los armarios procede de esa extraña imposibilidad de desprenderme definitivamente de las cosas.

Vivir, supongo, es lo contrario de recordar."

- Cuídate -



"Siempre ocurre lo mismo: no vemos romperse las cosas, las vemos rotas. Tal vez si supiéramos que están a punto de romperse podríamos hacer algo para evitarlo. O por lo menos podríamos despedirnos de ellas.

Los peores ruidos son los que no se oyen. Los que hacen que las cosas desaparezcan sin que sepamos muy bien por qué."

- La tostadora -



"A veces, no decir las cosas es otra manera de constatarlas.
También somos lo que callamos."

-Agudo como el mundo-





martes, 28 de febrero de 2017

FEBRERO: JOAN DIDION

EL AÑO DEL PENSAMIENTO MÁGICO

Y cada intento es un nuevo principio
y un tipo diferente de fracaso.
Porque uno solo aprende a dominar las palabras
para decir lo que ya no necesita decir
o en una forma en que no está dispuesto a decirlo.

East Coker. Cuatro cuartetos. T.S. Eliot.
El dolor por la pérdida nos resulta un lugar desconocido hasta que llegamos a él. Anticipamos que alguien cercano a nosotros puede morir, pero no imaginamos más allá de los días o semanas inmediatamente posteriores a esa muerte imaginada. Incluso interpretamos erróneamente la naturaleza de esos pocos días y semanas.  Si la muerte es repentina, es posible que esperemos sentirnos conmocionados, pero no esperamos que la conmoción sea arrasadora, que trastorne a la vez el cuerpo y el espíritu. En la versión de dolor que imaginamos, la pauta a seguir es la 'recuperación'. Los peores días serán los primeros. (...) No podemos saber - y ahí reside la diferencia fundamental entre cómo imaginamos el dolor y cómo es en realidad ese dolor - la interminable ausencia que sigue al hecho en sí, el vacío, la absoluta falta de sentido, la inexorable sucesión de momentos en los que nos enfrentaremos a la experiencia del sinsentido.




NOCHES AZULES    

Las estrellas ya no hacen falta; apagadlas todas.
Guardad la luna y desmontad el sol,
vaciad el océano y barred los bosques;
porque ya nada puede servir para nada.
Blues funerario. W.H. Auden


El tiempo pasa.
Los recuerdos se borran, la memoria se adapta, la memoria se ajusta a lo que creemos recordar.

Recordatorios de lo que fue, de lo que se rompió, de lo que se perdió y de lo que se echó a perder.
Objetos para los que no existe una resolución satisfactoria.
Más fotografías descoloridas y agrietadas de las que quiero volver a ver en la vida.
Invitaciones a bodas de gente que ya no está casada.
Recordatorios de los funerales de gente cuya cara ya no recuerdo.
En teoría todos esos recuerdos sirven para evocar momentos pasados.
Pero la verdad es que solo sirven para dejar claro lo poco que aprecié aquellos momentos cuando los tuve delante. Y lo poco que aprecié los momentos cuando los tuve delante es otra cosa que ya no me puedo permitir ver.
  
"Te quedan tus maravillosos recuerdos", me decía la gente más tarde, como si los recuerdos trajeran consuelo. No lo traen. Los recuerdos son por definición del pasado, de lo que ya no está. Los recuerdos son las fotografías descoloridas y agrietadas, las invitaciones a bodas de gente que ya no está casada, las tarjetas impresas en serie de funerales de gente cuya cara ya no recuerdo. 

Los recuerdos son las cosas que ya no quieres recordar.

***

Cuando empecé a escribir estas páginas, yo creía que iban a tratar de los hijos, de los que tenemos y de los que desearíamos tener, de las formas en que dependemos del hecho de que nuestros hijos dependan de nosotros, de las formas en que los animamos a que sigan siendo niños, de las formas en que ellos nos resultan más desconocidos para nosotros que para sus conocidos casuales; de las formas en que nosotros somos igualmente opacos para ellos.

De las formas en que nuestras inversiones emocionales en los demás siguen estando demasiado viciadas como para poder ver a los demás con claridad.

De las formas en que ni nosotros ni ellos podemos soportar contemplar la muerte ni la enfermedad, ni siquiera el envejecimiento, del otro.

Pero a medida que las páginas avanzaban se me ocurrió que su tema real no era para nada los hijos, o por lo menos no los hijos en sí, por lo menos no los hijos en tanto que hijos: su tema real era esta negativa a abordar dicha consideración, la negativa a afrontar las certidumbres del envejecimiento, la enfermedad y la muerte.

Este miedo.

Solo a medida que las páginas avanzaban entendí que los dos temas eran el mismo.
   
***



"Es como cuando  muere alguien. A los muertos no hay que darles vueltas", me dijo una vez mi hija, a modo de explicación de su estrategia. 


martes, 31 de enero de 2017

ENERO: YA SÓLO HABLA DE AMOR (Ray Loriga)



YA SÓLO HABLA DE AMOR                        

  Ray Loriga


El sentimentalismo no se corrige volviéndose cínico, sino volviéndose serio
Cesare Pavese



La verdad se le escapaba. Se le escapaba por completo. Y no dejaba de asombrarle la capacidad que tenían algunas personas para sujetar la verdad por el cuello.

Su derrota, en suma, es tan arrogante como lo fue en su día su victoria, y él lo sabe, y al saberlo, qué duda cabe, se multiplica su condena.

Ya no ignoraba su delito, ni ignoraba el hecho de que su delito no era otro que el de no haber sido capaz de amar lo suficiente. Aquel que no es capaz de amar lo suficiente es siempre el único culpable.

Todo amor es sin lugar a dudas el asalto a un tesoro que no nos pertenece, y de lo que uno se lleva a escondidas, como un cazador furtivo, es mejor no dar cuentas a nadie.

Y una vez restados todos los besos y los martinis, y esas miradas eternas después traicionadas, y una vez llegados hasta aquí, una vez roto el corazón de las causas hermosas, no tendrá uno sino una eterna confrontación de cifras y medidas, y milímetros de felicidad robada que sin duda se han de pagar. Y cómo escapar, si todo lo que fue, en su día y sin dudarlo, hermoso, se destruyó después, negando así no sólo el futuro, sino también el pasado.

No es capaz de encontrar el momento exacto, pero lo cierto es que todo lo que dibujó con exquisito cuidado se emborronó de pronto (...) Convertido ya en el soldado de una ejército enemigo jura otra bandera, y al sonido de esa otra corneta, el pasado se convierte en un futuro en llamas. (...) Y si guarda todavía y tan cautelosamente sus rencores, es para poder morder, de cuando en cuando, a sus miedos. Lo cual ya no es ni excusa ni razón, ni sirve de nada.

La vida real se impone siempre sobre todas y cada una de las malvadas y hermosas ensoñaciones (...) Una cosa estaba clara, en su lucha contra la tiranía de la realidad (y eso incluía el amor real, el saldo real de todas las cuentas y el resto de las cosas que había despreciado sin comprenderlas), había sido derrotado.

Una persona que todo lo ve, y que escucha en silencio todos y cada uno de los rumores del mundo y que tiene finalmente la capacidad de no encontrar en sí mismo la respuesta a sus plegarias, está siempre cercada por todos los desastres. (...) La naturaleza de un alma incapaz es, sin lugar a dudas, más dañina que la fuerte sangre de un alma malvada, y está condenada a vivir entre el daño causado. (...) Para consolarse contaba sólo con su debilidad, que no estaba hecha de nada concreto, sino de años de esfuerzo impreciso.

Había aceptado la inercia de su declive. Ya no sólo no se oponía a su propia y paulatina desaparición, sino que la aceptaba con gusto. ¿Acaso se dedicaba a otra cosa? Pues no, lo cierto es que no se dedicaba ya a nada más. Aun a sabiendas de que toda esta arrogancia que le llevaba a consumirse era estúpida, él seguía a lo suyo, construyendo su derrota con paciencia infinita. Tonto era, de eso no cabe ya duda alguna, pero y qué. Tampoco tenía ya a quien dar explicaciones. Todo el terreno que había conseguido vallar y destruir en silencio, y a su alrededor, era suyo. Un  campo quemado hoja tras hoja, rama tras rama, brizna a brizna, por la mano de un solo hombre. Un incendio provocado por un idiota que aún guardaba la cerilla, un delito sin lugar para la suposición de inocencia.

Sebastián había pagado con creces su arrogancia, y estaba por así decirlo en tierra de nadie, y tras él no quedaba más que el insidioso olor de la tierra quemada, que es el mismo olor que emana el dolor no merecido, y delante de él no había nada.

De amor, él, no sabía nada. ¿Acaso no había negado las verdaderas pruebas de amor, las pruebas reales que el amor le había puesto por delante, cuando sintió, como sintió el día que abandonó su vida, que se merecía, él, con toda su inmaculada arrogancia, una vida mejor, un amor mejor, un cuidado más exquisito? Merecerlo o no poco importaba en realidad, pues no hay más amor que el construido, el sujetado y alentado entre el tráfico de las condiciones reales.

Nada de lo que encontrase en su regreso sería exactamente lo que dejó al irse, y la que fue su vida no debería ser molestada ahora por el recuerdo. Tampoco puede contemplarse a una mujer que ha sido nuestra como si no se la hubiese amado.

Envejecer debe de ser esto, vivir ya para siempre contra las construcciones del pasado.

Y sin embargo, estaba empezando a cansarse de estar sentado todo el día sin hacer nada, de mirar a las mujeres que podrían ser suyas bailar con otros, estaba cansado también de la fortaleza de sus renuncias, y de no tener nada que hacer, aparte de cuidar de una pena infinita como quien cuida de un cofre vacío.

¿Acaso no amé con la naturaleza que me fue dada, y puede que incluso por encima de mis posibilidades, tensando cada vez el arco de mis propios intereses?¿Acaso no desprecié siempre la tierra conquistada para adentrarme una y otra vez en el bosque de mi derrota?

Digámoslo ya, Sebastián carecía de una estrategia para la victoria.

viernes, 15 de abril de 2016

42

El corazón, si pudiera pensar, se pararía.
F. PESSOA. 'El libro del desasosiego'


Quien quiera encontrarme hoy que me busque por las calles de Lisboa, bajo la lluvia de esta primavera huraña camuflada de invierno, en esta ciudad cada vez más nuestra.

Otro año vivido. Otro año sobrevivido. Hubo adioses y bienvenidas; sólo el tiempo dirá si definitivos. Si quien se fue lo hizo para volver y si quien apareció lo hizo para quedarse.

Dos ciudades que añadir al mapa de las emociones. Roma, Nueva York. Memoria y futuro. Una apuesta que fue un regalo:  dejarse perder para ganarlo todo. Sueños cumplidos.

Esquivé balas y la suerte jugó conmigo, pero me acompañó en lo importante.

Lloré a un amigo que nos dejó huérfanos de su presencia demasiado pronto y demasiado rápido

Quise amar. Hubo quien supo amarme y quien no quiso hacerlo. Sentí.

Enfermé y sané, me divertí, me emborraché, me arriesgué, cometí errores, aprendí, me desesperé, deseé, soñé.

Viví.

Todas las personas que me importan siguen cerca.

Mi corazón sigue latiendo.

El balance da paz.

Cumplo feliz.

jueves, 31 de diciembre de 2015

MEMORIAS INVENTADAS DE 2015


2015 ha sido el año de lo inesperado. Hubo viajes más o menos improvisados, convalecencias indeseadas, encuentros fuera de lo común y desencuentros aún más sorprendentes.

INVIERNO

Empezó enero, después de ese año tan raro que fue 2014, con alegría y euforia, con ilusión y esperanza, con un optimismo impropio de los inviernos. 

Se adelantó la primavera y a principios de marzo corrió el jamón, el vino, las risas y la buena compañía en una comida en la terraza, donde se gestó un viaje que no estaba previsto.

Semana Santa. Lisboa. Amigos. Bastaron esas palabras mágicas para activar las ganas. Oferta en un  hotelazo y la aventura de viajar en tren nocturno para inaugurar abril. Días de luz y de pequeños placeres, que son los más grandes. Cataplana de marisco frente al mar, gintonics a la orilla del Tajo, una cazadora de ante rojo, Lisboa en sus ojos a ritmo de fado.


PRIMAVERA

En mi cumpleaños strogonoff, cervezas,  lluvia y hasta llamadas que no esperaba. Tres días de celebración y aunque no estuvieron todos los que son, son todos los que estuvieron. Dos nuevos compañeros en casa que siempre sonríen.

Después Roma, con sus maravillas, su caos, su encanto, su agobio, su arte, su cansancio. Una camiseta pretenciosa que al final no compré. Unos cuantos paseos por callejuelas estrechas. Las recomendaciones de Enric González. Fútbol en un bar. Helados a cualquier hora, cafés en terrazas y Spritz antes de cenar. Canciones de misa en mi cabeza al entrar en el Vaticano y la sintonía de Juego de Tronos en la sala de los mapas de los Museos Vaticanos. Las estatuas de las Musas. Las salas de Rafael y el 3D antes del 3D. Búsqueda de libros. Un ataque de risa histérica que me despertó de un sueño, o tal vez fuera una pesadilla: en mí prevalece la torpeza de confundirlo todo. Fotos en Villa Borghese. Patos y cannoli.
 
Final de mayo y ganas de bailar. Pero confundí todos los pasos. Yo creí que danzaba a ritmo de tango y resultó tongo. Perplejidad y decepción, incredulidad y confusión por haber malinterpretado todas las señales, sin saber si toda la torpeza fue mía o del malevo que se dejó querer y me hizo creer en la literatura envenenada del baile y las canciones, de las comedias románticas y las novelas de grandes pasiones. Al final todo quedó en la historia del artista que se vuelve vulgar al bajarse del escenario, en el recuerdo de lo que fue y lo que pudo haber sido.

Feria del libro gafada a lo grande. Fiestas a las que no fui que se solaparon con cumpleaños y karaokes sin mí, tristes desencuentros y citas fallidas, una fiesta a la que sí fui, incubando ya la fiebre. Después mucho dolor, un domingo en urgencias y directa a un quirófano. Junio empezó mal y lo acabé enferma, alejada de las piscinas, el verano fuera y yo sin poder salir de casa.

  
VERANO

Julio empezó a ritmo de Los Secretos en un concierto ansiado y memorable y otro íntimo surgido por sorpresa gracias a amigas generosas. Fuera las baladas tristes, los ojos de gato cobarde y las rancheras para perdedores. Llegó la hora de animarse y de reinterpretar los clásicos que nunca mueren con más energía que nunca. "Déjame", irónica y oportuna. "Ponte en la fila" como nuevo himno para venirse arriba. Dos tardes felices.

En julio esquivé el calor y alguna bala a tiempo que se cruzó en mi trayectoria, aún tiernas las cicatrices de junio. Busqué el cañón de esa pistola y coqueteé con nuevas heridas, pero me bastó el fogueo de unos días muy locos y una velada surrealista azuzada por el aburrimiento de un sábado con ganas de emociones de verano para huir de ese duelo.

Vacaciones aplazadas y por fin el mar que calma.

En agosto traslado temporal de despacho en un entorno curioso que hizo que el tiempo pasara más rápido y otra vez huida al mar. Visitas esperadas y encuentros con amigos. Otro verano feliz de pequeños placeres y tranquilidad de hogar.

Empezó septiembre con sorpresa y ansia, posibilidades inesperadas y planes abiertos, ganas de diversión y de adentrarse en mundos desconocidos, preparativos de viaje, ilusiones y ganas.

Y otro año más una fiesta en la terraza para despedir el verano de la mejor manera, dejándose ser en amistad.


OTOÑO

Tiempo de cruzar un océano en busca de los patos de Central Park, antes de que el invierno los hiciera desaparecer. Un viaje para recordar. Otra ciudad a la que volver. Lo que significó esa cena, a pesar de lo poco memorable de la comida. Una canción -esa canción- y un baile en un GAP. Aún dura el jet lag emocional.

Fue duro el regreso. Otra vez la fiebre, un resfriado inoportuno y el destino riéndose de mí. La realidad contra el deseo. El querer y el (no) deber. ¿Sensatez o cobardía? Silencios, ausencias, huidas. La perplejidad, de nuevo.

Terminó octubre con otro cumpleaños feliz y esta vez sí: el lugar apropiado y la compañía perfecta. Cena y caipirinhas. El deseo secreto de que no nos cansemos nunca de celebrarnos.

Noviembre primaveral y días de campo. La sencillez de lo primario. Una primera vez. El peso de un arma en mis brazos, la presión en el hombro, la difícil estabilidad, el estruendo del disparo, mi nula puntería. Ganas de más. La historia de mi vida.

Reunión anual del Bremen y la tradicional borrachera, la maldita última copa de garrafón en el Destino, la resaca mortal de domingo. Vestigios de juventud, aunque ya no seamos jóvenes. Intentos de retrasar la edad adulta, si es que eso existe, si es que eso significa algo más allá de asumir responsabilidades que no siempre uno es consciente de haber elegido.

NAVIDAD 

Diciembre empezó sin fuerzas y sin defensas. Resfriado de tres días en cama. Ganas de nada. Poco espíritu navideño este año, nada que ver con el anterior. Nada de cartas a los Reyes a la luz de las velas; nada de adornos ni belén. Desidia pura. Un rincón improvisado in extremis: un portal con lo que más quiero. Recuerdos de personas, lugares, momentos. Todo lo que es importante para mí está en ese nacimiento atípico. Todo cambia y hay que adaptarse. De nada sirve aferrarse a las rutinas porque ninguna dura para siempre. Y la tradición, como las reglas, está hecha para acabar saltándosela alguna vez. Este año cambié fiesta de Nochevieja por cena de Nochebuena y resultó una de las mejores noches de Navidad que recuerdo.



Esta noche brindaré por mantener ese rincón mío. Por incorporar más paisajes, emociones, placeres, descubrimientos, amigos. Por los que aún me leéis.


Feliz año. Que 2016 sea benévolo y os trate bien.