La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

domingo, 12 de diciembre de 2010

Confesión en sepia II

El tiempo viene a darme la razón,estoy ganando altura cada vez que sale el sol
y el mundo por montera me lo voy poniendo,va cambiando el viento, sopla a mi favor.
Será que tengo la manía de
sobrevivir a todo lo que me podría vencer
Y abuso de mis leyes ahora que piso tierra firme y sé dónde tengo los pies.

-Kico Gómez. "Impar"-



Con un año de retraso...


Después de cuatro días oscuros vino el frío. Se instaló diciembre con toda la tristeza posible y el futuro anhelado se congeló sin previo aviso. La sorpresa dolió por la inoportunidad de la fecha elegida y las circunstancias complicaron aún más las cosas. Estuve donde debía, por más que fuera un lugar inapropiado e inhóspito. Fue una noche en vela y el falso calor de los cuerpos pegados, el aliento y las lágrimas insuflaban un poco de vida a todo lo que moría en esas horas. En otro lugar se celebraba una fiesta y el nosotros que ya no éramos por más que yo me empeñara en que sí fuimos los ausentes aunque nadie nos echara de menos. Por la mañana lluvia y viento, el dolor, la vergüenza y la duda bajo paraguas que no amortiguaban el llanto ni el golpe. A mediodía salió el sol. En otro lugar se celebraba una comida a la que me hubiese gustado asistir. Hubo alcohol y un partido de fútbol. Todos se divirtieron y se emborracharon. Yo regresé a mi casa sola, comí sopa caliente aunque no cabía nada en mi estómago atragantado y lloré al ver sobre la mesa el regalo preparado para la fiesta a la que no fui. Tomé pastillas para dormir y no soñar, aferrada a la esperanza de que pudiera haber vuelta atrás. Pero aquel último lunes de noviembre sólo hubo gritos y llanto al teléfono. El insulto del que no tiene argumentos y la desesperación del desahuciado cuando la decisión unilateral está tomada y no hay razones que la expliquen. Todo el amor de golpe arrebatado sin opción a reclamación alguna. Y un sermón sobre la importancia de mantener la compostura, de no perder las formas.

Se instaló diciembre con el frío, la nieve y la tristeza. Me decían que estaba más guapa que nunca y probablemente fuera verdad, aunque yo no me lo creyera. Agradecí la amistad mostrando alegría. Acudí a comidas que acabaron en besos en la boca y bailes sucios. Vencer los miedos fue acierto y descubrimiento. Una cena improvisada de puente me desveló la personalidad oculta del que hasta entonces era casi un desconocido y me dio motivos para no estar triste. Lo que al principio viví como una pérdida al final fue ganancia de muy buenos amigos que trajeron felicidad a mi vida.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Cadena de azar

Leo un número atrasado de El Cultural
y algo se remueve
destellos que se encadenan
azarosamente.
Frases que vienen a mí
significando
más allá de las palabras
conceptos que sólo yo entiendo
hablan
de lo que fue
de lo que está siendo
de lo que habrá de ser.





La pasión por Renoir,
un poema de John Ashberry
aún no publicado
después de aquel doble sueño de primavera
que resultó ser sólo mío
y no sobrevivió al otoño.










Purgatorio

La tierra de los sueños
El frío
no por este orden
o quizá sí.

“Es la poesía, estúpida”
sólo letras.

Memorias y desahogos
sigo
y veo a María
guapa y joven
premiada preciosa
oscura y bella



En cada hombre vive una bestia y una víctima potencial y a veces es necesario ser una de las dos cosas

leo en el faldón publicitario
y pienso en ella
tan dulce
esconde un tigre
una bestia literaria
una buena persona.
Es humana
y me es suficiente
para querer quererla.

Parra, Nicanor
de mi crítico de cabecera
(con permiso del lector malherido).


A continuación
me asalta
un jardín
impresionista
impresionante
estallan los colores
en mis ojos
cita aún sin fecha.

Paso página y leo:
Acopio de ausencias
paso rápido
por si acaso.






Adriá Julià me gusta
es artista y guapo
no lo conocía
nació en el 74
sonrío y me gusta aún más
leo:
“Trabajo con la memoria y las historias como herramientas que transforman la experiencia de un lugar”
y me enamoro un poco.

Continúo:
Jugando con Georges Perec
y vuelvo a pararme
en las proteínas invisibles
“Proteínas Intrínsecamente Desordenadas”
como ciertas ideas en mentes volátiles.

Acabo con una entrevista
a Marcos Ordóñez:
“Al pasado sólo se puede volver como extranjero”.

Se cierra el círculo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Confesión en sepia

Uno es de donde estudia el bachillerato (Max Aub)


Juego a la nostalgia desde la impostura literaria. Contar lo que se recuerda nunca falla: las palabras fluyen solas, los hechos se adornan desde el presente. Cualquier relato del pasado es sólo una versión de la realidad. La que elaboramos con los datos que procesamos a nuestra conveniencia, de las múltiples posibilidades existentes. Otros podrán corroborarla, pero siempre habrá un matiz que marque la diferencia. Contar una historia implica inventarla, crearla mientras se narra. Nadie cuenta lo mismo de la misma manera.


Juego a la nostalgia pero es sólo eso: un juego. Pasé más de una década enganchada a un pasado que sólo yo parecía haber vivido. Náufraga más que superviviente, abandonada a recuerdos que todos parecían empeñados en olvidar. Me costó crecer y lo hice a golpe de desengaños y pérdidas, de huidas ajenas que todavía hoy no comprendo.

Libre de toda carga, respiro tranquila, orgullosa de haberme hecho mayor. De que las canciones ya no duelan. De no querer volver. Ya no.



martes, 23 de noviembre de 2010

Con una nevera nueva las cosas sólo pueden mejorar


Por muy mal que vayan las cosas, siempre irán mejor con una nevera nueva que sin nevera. Puedo decir en voz bien alta, sintiéndome orgulloso, que soy un hombre afortunado por tener una mujer y una súper nevera. No sé qué pensará ella, creo que se siente más feliz de tener una nevera nueva en su cocina que a un hombre viejo a su lado. Llega un momento en que todo hombre se siente acabado y viejo y no hay mujer ni nevera que pueda resolver tan peliagudo asunto. No es cuestión de edad, ni de que a uno le salgan canas o pierda el pelo. Hablo de otra cosa. Un hombre que espera todo el día sentado en casa sin hacer nada más que aguardar la llegada de una nevera no es un hombre de provecho. En eso ha consistido mi jornada de hoy: en esperar a que trajeran la nevera y luego esperar a que las cervezas estuvieran en su punto y luego en esperar a que llegara mi mujer del trabajo. Ella se ha levantado pronto esta mañana, más pronto que yo, como todas las mañanas, lógico si tenemos en cuenta que yo me he acostado mucho más tarde y que no tengo la obligación de levantarme a ninguna hora en concreto porque yo soy artista y, ya se sabe, los artistas no tenemos horarios fijos y por eso podemos permitirnos el lujo de pasarnos el día entero esperando la llegada de una nevera. Ella se ha levantado, se ha duchado, ha preparado el desayuno, ha desayunado, ha dejado una lavadora puesta que yo debía tender pero se me ha olvidado, con el asunto de la nevera no he pensado en otra cosa y no he hecho otra cosa en todo el día. Después ha conducido 25 kilómetros hasta llegar a la oficina. No tenemos hijos, pero, si los tuviéramos, seguro que ella se habría encargado de darles de desayunar y dejarlos en el colegio. En su hora del desayuno laboral habrá ido a recoger un par de trajes de la tintorería. Después habrá aprovechado parte de la hora de la comida para ir al gimnasio y después otra vez al trabajo. Desde allí habrá llamado para que vengan a hacer la revisión del gas, como quedamos, ya que a ella las llamadas desde la oficina le salen gratis. A la salida del trabajo se habrá pasado por el centro comercial para tener algo, aparte de cervezas, con lo que rellenar la nevera, esta magnífica nevera que a partir de ahora compartiremos. Yo no he podido ducharme ni afeitarme todavía, no he querido hacerlo por si llegaban los de la nevera. Después ya me ha dado pereza, total para qué si ya hoy no voy a salir de casa. Y aquí sigo, esperando que vuelva ella del trabajo, con la compra, orgulloso de nuestra nevera nueva, de nuestra vida en común, ilusionado.


(*) Texto escrito para el taller. Es de septiembre de 2009.
Justificar a ambos lados

jueves, 4 de noviembre de 2010

Mentiras

"Yo suelo mentir", me dijo
desde sus ojos de vodka con naranja.

"Pero a veces digo la verdad",
y se retorció el pelo.

"¿Serás capaz de aprender a no creerme?",
el humo de su cigarrillo cegó mi boca.

Jamás he vuelto a besar
labios tan sinceros.