Diciembre no es tampoco el mes más cruel, ni siquiera el más frío, ni el más lluvioso. Puede que el más oscuro, pero siempre hay luces encendidas, fuera y dentro. Diciembre es el mes de la melancolía y la nostalgia, en caso de que sean distintas. Hay una nostalgia aún peor que la de lo no vivido: la nostalgia del futuro. La esperanza es el veneno más dulce. Pero hay que confiar, es lo único que nos queda.
Hacer balance y poder decir: al menos cuatro hombres me amaron. Yo amé a dos de ellos y a algunos más, que nunca me quisieron. Uno me dejó, a otro tuve que dejarlo, a los otros dos los abandoné cuando supe que nunca iba a ser suya porque no me conocían. Otro, que sólo fingió amarme y al que yo quise amar, huyó. Ahora puedo reconocer que a tiempo, aunque entonces no me lo pareciera. He conocido amores distintos, con distintos rostros y ropajes. No sé si he aprendido algo. Ya no sé si busco, pero espero.
Hacer balance y poder decir: escribo. Sólo a veces, no todo lo que me gustaría, no siempre con éxito. Pero sigo en ello. La escritura sigue siendo un lugar feliz.
Hacer balance y poder decir: viajé, conocí ciudades, hoteles, restaurantes, calles, monumentos, paisajes. Coleccioné impresiones que guardo en cajitas de memoria.
Hacer balance y poder decir: sobreviví. Al desamor, a la enfermedad. Que me hicieron más fuerte pero no cambiaron mi esencia.
Hacer balance y poder decir: aquí estoy. Y que alguien, en algún sitio, cerca o lejos, conocido, desconocido o por conocer, esté conmigo.





