La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

sábado, 15 de diciembre de 2012

BALANCE


Diciembre no es tampoco el mes más cruel, ni siquiera el más frío, ni el más lluvioso. Puede que el más oscuro, pero siempre hay luces encendidas, fuera y dentro. Diciembre es el mes de la melancolía y la nostalgia, en caso de que sean distintas. Hay una nostalgia aún peor que la de lo no vivido: la nostalgia del futuro. La esperanza es el veneno más dulce. Pero hay que confiar, es lo único que nos queda. 

 Hacer balance y poder decir: al menos cuatro hombres me amaron. Yo amé a dos de ellos y a algunos más, que nunca me quisieron. Uno me dejó, a otro tuve que dejarlo, a los otros dos los abandoné cuando supe que nunca iba a ser suya porque no me conocían. Otro, que sólo fingió amarme y al que yo quise amar, huyó. Ahora puedo reconocer que a tiempo, aunque entonces no me lo pareciera. He conocido amores distintos, con distintos rostros y ropajes. No sé si he aprendido algo. Ya no sé si busco, pero espero. 

Hacer balance y poder decir: escribo. Sólo a veces, no todo lo que me gustaría, no siempre con éxito. Pero sigo en ello. La escritura sigue siendo un lugar feliz. 

Hacer balance y poder decir: viajé, conocí ciudades, hoteles, restaurantes, calles, monumentos, paisajes. Coleccioné impresiones que guardo en cajitas de memoria. 

Hacer balance y poder decir: sobreviví. Al desamor, a la enfermedad. Que me hicieron más fuerte pero no cambiaron mi esencia. 

Hacer balance y poder decir: aquí estoy. Y que alguien, en algún sitio, cerca o lejos, conocido, desconocido o por conocer, esté conmigo.








jueves, 6 de diciembre de 2012

Reseña de LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES, de Félix G. Modroño




Reseña publicada en la sección "Doble mirada" del blog de crítica literaria La tormenta en un vaso




La ciudad de los ojos grises  es una novela que nos hace viajar. Viajar en el tiempo, a finales del siglo XIX y principios del XX, un tiempo convulso —si es que hay alguno que no lo sea—, de cambios vertiginosos en las ciudades que se modernizan a una velocidad hasta entonces desconocida. Y viajar en el espacio, de una capital en apogeo como París, en plena Belle Epoque, a Bilbao, una ciudad industrial que acepta las transformaciones sin perder sus costumbres. Hay en esta novela viajes físicos, en trenes que no siempre son de ida y vuelta y, sobre todo, viajes emocionales, a un tiempo ya pasado que encierra secretos y enigmas nunca resueltos.

Alfredo Gastiasoro, profesor de arquitectura en París, regresa a su ciudad natal, Bilbao, tras enterarse por una noticia del periódico de la muerte de Izarbe Campbell, un amor de juventud truncado de manera incomprensible y esposa de su hermano Javier. Es diciembre de 1914, Europa está en guerra desde julio, y Alfredo vuelve a Bilbao para librar sus propias batallas.

El autor utiliza flashbacks hábilmente estructurados para narrar la evolución física, económica y social de ese Bilbao de finales del XIX. Los datos que aporta resultan interesantes, no restan ritmo a la novela y contribuyen a crear la atmósfera de la historia, mezclando personajes de ficción y personajes reales de manera natural, nada forzada. Desfilan por sus páginas don Miguel de Unamuno, Marie Curie, Indalecio Prieto, María de Maeztu. Esas idas y venidas del presente al pasado sirven para dar pistas, decisivas en el desenlace, que no pasarán inadvertidas al lector atento, manteniendo un suspense que incita a no parar de leer.

Alfredo ayudará en su investigación al comisario Fernando Zumalde, compañero de infancia y adolescencia y amigo leal desde entonces, y en sus pesquisas recorrerá las calles de Bilbao, sus barrios, sus cafés, sus bajos fondos, sus clubes privados donde se hacen y deshacen negocios de todo tipo, siguiendo pistas que le lleven a descubrir cómo murió Izarbe.

«Nadar en aguas tibias no es lo mismo que alternar aguas frías con aguas calientes. Y a estas alturas de su vida, Alfredo no sabía muy bien en qué aguas nadaba», dice el narrador. Desde luego, no es el caso de Félix G. Modroño. La novela alterna pasado y presente, historia y ficción de manera hábil y amena, generando una intriga que nos mantiene atentos durante casi cuatrocientas páginas. Los personajes son creíbles y cercanos, los diálogos ágiles y la prosa precisa y eficaz. Destacan los personajes femeninos, en mi opinión más ricos y con más matices que los masculinos; resultan también deliciosos, en todos los sentidos, algunos pasajes gastronómicos: a los protagonistas les gusta comer bien, y hay referencias a lo que degustan y dónde. También ciertas descripciones y reflexiones del narrador —sobre el arte, la política, el amor, las mujeres, los recuerdos, la memoria— aportan a la novela interés y un toque que va más allá del mero entretenimiento.

LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES

 (http://laciudaddelosojosgrises.blogspot.com.es)
FÉLIX G. MODROÑO (http://elcazadordemomentos.blogspot.com.es)
ALGAIDA, 2012 (2ª Edición)
400 páginas





lunes, 19 de noviembre de 2012

TRECE




Y van trece años sin Enrique y tan con él siempre, a pesar de las veces que le traicionamos con otros, más nuevos, más modernos, menos escuchados. Pero hay algo que nos hace volver, como se vuelve al hogar, a los sonidos de la infancia, a las emociones adolescentes. Y esas canciones que son la banda sonora de nuestra vida, que guardan nuestros secretos de tantas veces escuchadas a escondidas, en un viejo cassette, ahogando las lágrimas en la almohada, o canturreadas en el coche, o gritadas en algún garito donde aún cabían las buenas canciones. 

Y llego tarde a este homenaje, porque hoy ya es 19. Porque el tiempo es tramposo y el calendario traicionero, y son ellos los que disponen de ti y no al revés. Porque cuántas veces se desea volver a ser un niño y no crecer. Quedarse en el camino es una buena forma de no hacerse viejo nunca. Vivir deprisa, morir joven y dejar un bonito cadáver es el destino de los llamados a perdurar sin envejecer. El as en la manga para ganarle la partida al tiempo. 

 Y llego tarde a más cosas de las que me gustaría. Y sigo sin comprender muchas otras. Y a veces torturan los quépasó y esos cuántosrecuerdosguardastúdemíparatratarmeahoraasí y esos recordarloquefueyloquepudohabersido. 

 Y por encima de todo los aunquetúnolosepas, porque hay gente que no desaparece nunca, aunque ya no estén. He escrito cientos de cartas imaginarias a A., cartas sin sobre y sin remite, sin huella. Cartas sin existencia física pero con el mismo mensaje de incomprensión. Porque aunque ella no lo sepa y seguramente tampoco imagine la sigo recordando y sigo imaginando reencuentros. Y aunque él no lo sepa, el chico del área de descanso sigue en todas las canciones, en todos los poemas. 

 Pero afortunadamente no todo es pasado ni nostalgia. Y siempre hay un futuro. Y a veces una se siente orgullosa de sentir un yameolvidédetiyanotequierohoysequesintuamoryanomemuero y un adióstristezadióssoledad. 

 No se olvida a quien nos hizo sentir. 

 Gracias, Enrique Urquijo, por poner banda sonora a tantas cosas.


Montaje by ETDN 

viernes, 2 de noviembre de 2012

COLABORACIÓN EN EL LIBRO "EL HUMOR EN QUEVEDO"

Texto que escribí para el volumen colectivo "El humor en Quevedo", publicado por el Ayuntamiento de Torre de Juan Abad (Ciudad Real), que combina ilustraciones, humor gráfico y textos sobre Quevedo.




















Participan , entre otros escritores: Juan Goytisolo, Andrés Neuman, Fernando Savater, Antonio Gómez Rufo, Luis Alberto de Cuenca, Luis Landero, Javier Lorenzo, Jorge Díaz, María Zaragoza, Pedro de Paz, Raúl Guerra Garrido, Ramón Arangüena, José María Merino, Susana Fortes, Ignacio del Valle, Luisgé Martín, Rosa Regás, Lola Beccaria.


Y, entre los ilustradores figuran Forges, Gallego y Rey, Idígoras y Pachi, Paco Roca, José Antonio Loriga, Fer, Sir Cámara, José Luis Cabañas, Ulises Culebro.



Este es el dibujo de Goñi al que me  refiero en el texto
(cortesía de José Bielsa)


domingo, 7 de octubre de 2012

DIARIO DE VERANO (X)

Denia, 17 de agosto de 2012

Hoy se ha ahogado un chico en la playa. Muy joven, veintipocos años. Salía del agua y se ha desplomado. Eso nos han contado. Como todos los días, hemos ido a pasear por la playa. Es una playa larga, unos tres kilómetros de ida y la correspondiente vuelta. Una hora de camino, más o menos, con alguna parada para un chapuzón rápido, unas brazadas. Hemos dejado las sillas donde siempre y al volver hemos encontrado el revuelo: corrillos de gente y una ambulancia del SAMUR que se lo llevaba. Nuestros vecinos han sido testigos de todo, han ayudado a sacarlo del agua y han llamado al 112. Nadie hablaba de otra cosa. 

 La paz de una mañana de playa en agosto súbitamente alterada.

 Dicen que lo han estado reanimando más de media hora y nada. Que estaba muy pálido. Que si un corte de digestión. Que si un infarto. Que se ha mareado y se ha quedado quieto en el agua. Los niños lo contaban a gritos, excitados e impresionados, un poco asustados, quitándose las palabras los unos a los otros. 

Un chico ha muerto a pocos metros de nuestro lugar habitual del baño y nosotras ni nos hemos enterado. Por la tarde la playa había vuelto a la normalidad, como todos los días, como otra tarde cualquiera. La gente bañándose como si nada. La vida, al final, se impone a la muerte, por más que ésta sea implacable. Pero la obligación de los vivos es ignorarla y seguir viviendo.

 Este episodio me ha recordado esa famosa anotación en el diario de Kafka, el 2 de agosto de 1914: "Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar"

 Yo también he ido a nadar hoy. He nadado por la tarde y posiblemente estaba nadando cuando ese chico ha muerto. En el lugar acertado, imagino.