
Qué lentos los minutos
en las piscinas de agua templada
en este líquido
profundo
de invierno
en las piscinas de agua templada
en este líquido
profundo
de invierno
A todos los que os encontréis en tierra de nadie, bienvenidos al Área de Descanso.Un lugar ideado para parar, respirar hondo y tomar aliento para proseguir el viaje.Porque la vida sigue, a pesar de todo.
Tú nunca pintarías ese cielo verde. Inquietante y relajante. Como tú, como yo cuando te presiento cerca. Feliz e inquieta. Satisfecha y alerta. Contigo no se puede bajar la guardia. Alguien me dijo que los pelirrojos no eran de fiar, a mí, que tengo la mala costumbre de no hacer caso de los consejos ni los refranes. Hablamos del cuadro. Te digo que el cuadro me parece inquietante y relajante a la vez y te pregunto si crees que eso es posible. Tú sientas cátedra, como siempre. Hablas sólo del cuadro, sin entender o sin querer enterarte de lo que te estoy hablando yo. Hablas del efecto que produce la oscuridad del primer plano: la silueta del sembrador, el tronco del árbol que atraviesa el lienzo. Lo dices así, “el lienzo”, como si hablaras de cuadros todos los días, como si entendieras de pintura. Y el contraste con la claridad del fondo: el agua tan azul, el sol tan amarillo y el cielo verde. “Verde esperanza”, dices, satisfecho del hallazgo. El sol tan amarillo, sí. Pero también espeso. La pintura no se acumula en las figuras de primer plano, sino en ese sol. Luminoso y denso. Otra vez el contraste imposible. Capas y capas de pintura de amarillo intenso. Imagino a Vincent modelando el sol con los dedos, la pasta salvaje para un sol desquiciado en un cielo verde. Lo oscuro a la vista, la luz a lo lejos. La inversión de la lógica estallando con toda lucidez. Un cielo inexistente, que no se toca con los ojos, que no se imagina con las manos. El sol rabioso que trastoca el cielo pero que no llega al hombre del cuadro, al sembrador en su tierra oscura, trabajando de espaldas a la luz. Una silueta sin rostro, alguien que huye, una figura en la sombra.
Los pájaros de Hitchcock mucho antes de Hitchcock. Violencia latente, a punto de estallar. Lo que se presiente más que lo que se ve. El terror de lo que todavía no ha sucedido pero sucederá. 
