La vida consiste en equivocarse, cada uno a su manera. -Manuel Vicent-

Es preciso tener un caos dentro de sí para dar a luz una estrella fugaz.-Nietzsche-

La vida es una mezcla de aquello que deseamos hacer con ella y aquello que somos capaces de hacer con lo que ella nos trae.-Sergi Bellver-

domingo, 7 de octubre de 2007

Fugacidades I

CONFIANZA

El le pidió que confiara, pretendiendo que no hiciera preguntas, que se dejara llevar.
Ella no supo cómo explicarle que creer era difícil, que primero debía inventarse su propia fe.

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EL AMOR DE LOS POETAS

¿Por qué nunca me escribes poemas de amor?
(Silencio)
¿Es que tan poco te inspiro?
(Silencio)
Sé que dedicas poemas a otras.
(Silencio)
Ojalá fuera tu amor platónico.

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EL TIEMPO EN UNA BOTELLA

El día que quise meter el tiempo en una botella se me escaparon los minutos por las ranuras y los segundos se evaporaron en el aire.
Al poner el tapón me estalló el presente entre las manos y quedaron esparcidos por el suelo cristales rotos del pasado, mientras el futuro flotaba sobre mi cabeza en forma de nube, como en los tebeos donde el personaje arrastra la lluvia consigo.

lunes, 1 de octubre de 2007

Miradas de Sicilia (I)

Martes

Primera subida en bus a Taormina. El paisaje impresiona, las estrechas curvas entre acantilados también. La vista impone: la bahía azul, el cielo gris y al fondo el Etna , que se funde con el cielo. La visión me inspira un poema.



Llenarse los ojos de paisaje
con el azul del mar
con el verde de la roca sobre el agua
entre montañas
desde las nubes.
Sol turbio
cielo gris encima del mar
bajo la mirada
del volcán
que lo observa todo
y se apiada
de los mortales a ras de tierra,
y tal vez también de los dioses
esclavos de su propio poder
inútil ante los caprichos del destino.


martes, 25 de septiembre de 2007

Escena en el autobús

Iban delante de mí. Me costó trabajo darme cuenta de que iban juntos. Él miraba hacia la ventanilla, y ella hacia la puerta. Ella giró la cabeza y se le quedó mirando.

Él se sintió observado, culpablemente observado, y quiso herirla con su indiferencia. Deseaba abrazarla, pedirle perdón. Su mirada era un enorme “LO SIENTO”, pero dirigida en dirección equivocada. Deseaba volverse, pero se hizo fuerte para no hacerlo. Siguió mirando por la ventanilla, aunque no veía los coches, ni la calle, ni los escaparates oscuros; sólo la cara de ella reflejada en el cristal. Sentía sus manos delicadas, femeninas, que intentaban recuperarle de nuevo y estuvo a punto de retirar las suyas, pero no se atrevió. Permaneció rígido, erguido, intentando demostrarse a sí mismo que esta vez no sucumbiría a sus encantos, e intentando demostrarle a ella que él también tenía su orgullo.

La oía susurrando en su oído, pero no quería escucharla; sabía que sus palabras le harían sucumbir, que si la escuchaba no aguantaría mucho más. Ella intentaba besarle y él se dejaba, pero no podía permitirse el más mínimo sentimiento. Sabía que le estaba haciendo daño, pero no era el momento de flaquear. Aunque lo que de verdad deseara fuese abrazarla con todas sus fuerzas, y besarla, y olvidar, y que todo fuera como antes. Deseó poder borrar las horas anteriores; aquí no ha pasado nada. Deseó poder parar el tiempo: eran las siete y él pasó a buscarla, como siempre. Se besaron, se rieron juntos de sus paridas... y nada más.

Deseaba perdonarla, pero no podía. Estaba harto de ceder, de hacer el primo. Que sufriera ella por una vez. En realidad no era para tanto, pero no era ésa la cuestión. Esta vez estaba en juego su dignidad, su orgullo, tantas veces heridos y vapuleados. Tenía que aguantar. Pero por favor, que no se ponga a llorar. Que me grite, que esté un mes sin hablarme, pero que no llore...

Entonces ella se agitó en silencio sobre su hombro que, lentamente, se fue empapando.

¡MIERDA! No quería llorar esta vez. No quería montar el numerito. Sí, es verdad, se había puesto muy borde. Quizá a fin de cuentas él tenía razón, pero tampoco era para que la tratara así, haciéndole daño adrede. Porque lo estaba haciendo adrede, para hacerse el duro...¿qué pretendía demostrar?

Vale, sí, ella cedería esta vez, pero por favor que le hablara, que la mirara, que reaccionara de alguna manera. ¡Si lo estaba deseando tanto como ella!...¿por qué no dejaba de lado ese orgullo mal entendido?

¡¡¡¡¡Pero no ves que estoy intentando arreglar las cosas!!!!...No me hagas sentir tan estúpida, no me humilles de esta forma, por favor. ¡Háblame! ¡REACCIONA!...Por lo menos mírame.

Sabía que su fingida indiferencia era su única defensa, que en el fondo se sentía culpable él también y le estaba haciendo daño a ella porque con quien estaba cabreado era consigo mismo. Sabía también que en cuanto la mirara quedaría sin protección, desvalido, y no tendría más remedio que abrazarla.

Pero no quería llorar esta vez...esta vez no...no, por favor, no...¡MIERDA!

Y ya no vio nada más. Solamente sintió sus brazos alrededor de ella, y la lana de su jersey empapado, que picaba; y el sabor salado de sus lágrimas. No quería moverse, le daba vergüenza mirarle; estaría horrorosa, tendría los ojos rojos y se le habría corrido el maquillaje.

Entonces sintió que él se apartaba, que la lana dejaba de picar y que una lágrima le rodaba por la barbilla, pero no quiso abrir los ojos. Simplemente sintió sus labios, su lengua, y no quiso pensar en nada... sólo se dejó llevar.

domingo, 16 de septiembre de 2007

De todas maneras

Yo debía de tener unos quince años. Aquel día estaba contrariada, enfadada con el mundo. Algún pequeño desengaño, alguna traición mínima, supongo. Alguna expectativa insatisfecha, una amiga desleal tal vez, puede que alguna injusticia escolar. No me acuerdo del motivo, sólo de la sensación: en guerra con la vida. Mi madre se fue de compras y no quise ir con ella. Me pasé toda la tarde arrepintiéndome de mi estúpida negativa, que sólo contribuyó a aumentar mi irritación. Cuando mi madre volvió por supuesto yo seguía encerrada en mi habitación, sin querer hablar con nadie. “Te he traído un regalo”, me dijo, y yo la ignoré. “Aquí te lo dejo”, y se fue. Era un poster con una especie de poema: DE TODAS MANERAS, era el título.

Esa lámina, que enmarqué, me ha acompañado a todas las casas en las que he vivido desde entonces. Me gusta tenerla en la pared y la leo todos los días. Es una especie de mantra o plegaria o decálogo de vida. Me ayuda y anima en los momentos bajos. Me da esperanza y ganas de seguir hacia delante.

Aquí está ese texto. Las fotos son mías, las hice un verano en Cádiz.







jueves, 13 de septiembre de 2007

Adiós tristeza

Hoy toca un poco de optimismo, de encarar la vida con esperanza.

La foto la tomé este verano, desde mi jardín. Aunque sea difícil de creer, a veces se produce el milagro: el sol después de la lluvia, el arco iris después de la tormenta.

Completo la foto y el post con una canción cuya letra siempre consigue cambiarme el ánimo. Es una letra positiva que invita al optimismo y la esperanza. Aunque sea difícil de creer, es de Los Secretos. Ja,ja, sonrío con esta auto-puya, es uno de mis grupos favoritos e "intocables".

Para vosotros, la foto y la canción. Que tengáis un buen día, aunque sea 13.



ADIOS TRISTEZA


Te oí decir que siempre fuiste triste y que la vida te ha tratado mal
que poquito cariño recibiste, que malas cartas te tocó jugar.
¿Cómo voy a borrar de tu memoria
esos sueños que te suelen despertar,
dándole vueltas a la misma historia,
reabriendo heridas que cerraron mal?


Y las lágrimas que escondes en la lluvia
con tu mala suerte lejos viajarán
porque hoy empieza el resto de tu vida,
ADIOS TRISTEZA, ADIÓS SOLEDAD.


Un arco iris cubrirá tus penas
y la luna llena el lado oscuro enseñará,
y bailará la vida por tus venas,
y la tormenta se disipará.

Secaré todas tus fuentes de tristeza,
hoy será el mañana que soñaste ayer
porque el cielo está detrás de nubes negras,
adiós tristeza no te quiero ver.